Sorprende la extraordinaria variedad de aves
carroñeras que podemos encontrar en las montañas de Kirguistán. A las
especies habituales de la península ibérica —buitre negro, buitre
leonado, quebrantahuesos y alimoche— se suma aquí una
especie nueva para mí: el buitre del Himalaya (Gyps
himalayensis). Esta imponente rapaz, propia de las grandes cordilleras de
Asia, recuerda al buitre leonado, aunque presenta una coloración notablemente
más clara, especialmente en el cuerpo y las partes inferiores. Fotografiarlo en
las montañas kirguisas ha sido, sin duda, uno de esos encuentros que ponen de
manifiesto la riqueza y singularidad de la avifauna de las Cordilleras del Tian Shan.
lunes, 24 de agosto de 2026
Buitre del Himalaya (Gyps himalayensis).
sábado, 22 de agosto de 2026
Praderas de edelweiss en el altiplano de Song Kul (Kirguistán).
Los edelweiss (Leontopodium s.p.), conocidas también como flor de nieve asiática, eran este pasado mes de julio, una de las plantas más llamativas de los prados de montaña de Kirguistán. En las inmediaciones del lago Song Kul y en los prados alpinos del Tian Shan, sus pequeñas inflorescencias cubiertas de una característica vellosidad blanca destacaban entre los pastos, formando auténticos tapices en algunos lugares. Su aspecto delicado contrasta con la dureza del ambiente en el que crecen, sometidas a bajas temperaturas, fuertes vientos y una temporada de crecimiento muy corta.
Encontrarlas en plena floración aportaba una nota
de luz a aquellos enormes paisajes de montaña, donde el verde de los prados se
mezclaba con las cumbres y las extensiones de cielo abierto. La flor de nieve
está perfectamente adaptada a estas condiciones extremas: la densa cubierta de
pelos blanquecinos que recubre sus hojas y brácteas ayuda a protegerla de la
radiación intensa, el frío y la pérdida de agua. Entre los prados de Song Kul
y las montañas del Tian Shan, estas pequeñas flores son un hermoso
recordatorio de la extraordinaria capacidad de la vida para prosperar en las
alturas.
Marmota gris (Marmota baibacina)
La marmota gris (Marmota baibacina) es un habitante característico de las cumbres y prados alpinos de la cordillera del Tian Shan, en Kirguistán. Durante nuestras jornadas en la montaña, era habitual escuchar sus estridentes llamadas de alarma, que rompían el silencio de los prados y delataban la presencia de estos animales mucho antes de que pudiéramos localizarlos. Los adultos permanecían atentos a cualquier señal de peligro y, ante nuestra presencia, advertían insistentemente a los más jóvenes, que asomaban tímidamente la cabeza desde la seguridad de sus madrigueras antes de volver a desaparecer.
La corta temporada estival en estas montañas es
crucial para la marmota gris, ya que durante el invierno permanece en
letargo dentro de sus madrigueras. Aprovecha así los pocos meses de abundancia
para alimentarse intensamente y acumular las reservas necesarias para afrontar
el largo periodo de hibernación. Observarlas activas entre las flores y pastos
alpinos, siempre vigilantes y listas para refugiarse ante cualquier amenaza, es
una de las escenas más características de la fauna de las altas montañas de Tian
Shan.
viernes, 7 de agosto de 2026
Lago Issyk-Kul (Kirguistán).
El lago Issyk-Kul fue uno de los grandes protagonistas de nuestro viaje ornitológico por Kirguistán. A lo largo de varios días conseguimos bordear prácticamente por completo este enorme lago salino, descubriendo un paisaje sorprendentemente cambiante en cada una de sus orillas. Campiñas de cultivo, pequeñas ciudades y marjales, ofreciendo ambientes muy diferentes para la observación de aves. El lago parecía transformarse continuamente, y con él también la sensación de estar recorriendo un mismo lugar que, en realidad, nunca terminaba de ser igual.
Pero Issyk-Kul es también un territorio
sometido a una creciente presión turística. Nuevos resorts aparecen a un ritmo
vertiginoso, como champiñones después de la lluvia, junto a segundas
residencias y una afluencia cada vez mayor de visitantes. El contraste resulta
especialmente evidente cuando, tras atravesar alguna de estas zonas en plena
transformación, volvemos a encontrarnos con la inmensidad del lago y el paisaje
que lo rodea. Y siempre, como telón de fondo, las impresionantes montañas
nevadas del Tian Shan, que acompañan el recorrido prácticamente en todo
momento y recuerdan la extraordinaria escala de este paisaje centroasiático.
miércoles, 5 de agosto de 2026
El altiplano del lago Song Kol (Kirguistán).
Llegar al altiplano del lago Song Kol fue una experiencia inolvidable. Accedimos por el paso occidental, ascendiendo bajo un intenso aguacero por una pista de tierra que serpenteaba en interminables zigzags hasta el mirador de Moldo-Ashuu, situado a más de 3.000 metros de altitud. Al superar el puerto, el paisaje se abrió de repente mostrando la inmensidad de uno de los rincones más emblemáticos de Kirguistán. Nuestro campo de yurtas, instalado a escasos metros de la orilla del lago, nos permitió sumergirnos de lleno en un entorno donde la naturaleza conserva intacto su carácter salvaje.
En Song Kol no hay árboles que rompan el
horizonte. Una inmensa pradera alpina se extiende hasta perderse de vista,
salpicada en verano por delicadas flores de edelweiss y recorrida por rebaños
de vacas y caballos que pastan libremente. Al fondo, como silenciosos
guardianes del altiplano, se alzan las grandes montañas cubiertas de nieve de
la cordillera de Tian Shan, alimentando con su deshielo los verdes
pastos que dan vida a este singular ecosistema. Es un paisaje de una belleza
serena y casi infinita, donde el cielo, el agua y la montaña parecen fundirse
en un mismo escenario.
jueves, 30 de julio de 2026
Valle de Barskoon (Kirguistán).
El valle de Barskoon, en la vertiente sur del lago Issyk-Kul, es uno de esos lugares donde la grandiosidad del paisaje parece fundirse con la historia. A lo largo del camino sorprenden los monumentos en piedra dedicados a Yuri Gagarin, recuerdo de las visitas que el primer ser humano en viajar al espacio realizó a este rincón de Kirguistán para recuperarse tras sus misiones. Entre densos bosques de coníferas, el estruendo de la espectacular cascada de Barskoon y el impetuoso río que desciende por el valle componen un escenario de una belleza salvaje que invita a detenerse y disfrutar de cada rincón.
Pero, además de su atractivo paisajístico, Barskoon
es un magnífico destino para los amantes de la fauna. Durante nuestra jornada
de pajareo tuvimos la fortuna de observar majestuosos buitres del Himalaya
planeando sobre los riscos, pequeños serines frentirrojos aportando color entre
la vegetación y varias collalbas grises posadas en las laderas pedregosas. Como
simpático contrapunto, un buen número de marmotas corrían de un lado a otro
emitiendo sus característicos silbidos de alarma para advertir de nuestra presencia,
poniendo el broche perfecto a una jornada inolvidable en uno de los valles más
fascinantes de Kirguistán.
Serín frentirrojo (Serinus pusillus).
Tras haber pasado la noche en un campo de yurtas, decidí dar un pequeño paseo de reconocimiento por las verdes praderas de las montañas de Tian Shan (Kirguistán). La hierba, aún cubierta de rocío, brillaba bajo la luz de la mañana mientras algunos zorzales charlos recorrían apresurados el suelo en busca de alimento para sus pollos. De pronto, un discreto grupo de pequeños fringílidos llamó mi atención. Se alimentaban de semillas a escasos metros de mí, medio ocultos entre la hierba, confiando en el excelente camuflaje que les proporcionaba la vegetación. Eran serines frentirrojos (Serinus pusillus), una de esas especies que siempre evocan los paisajes montañosos de Asia Central.
Como ocurre con muchas otras aves propias de esta
región, el serín frentirrojo presenta una curiosa distribución en forma
de media luna que rodea por el oeste el inhóspito desierto del Taklamakán,
ocupando siempre las cordilleras de gran altitud. Desde las montañas de Anatolia
y el Cáucaso hasta los macizos del Tian Shan y el Pamir,
este pequeño fringílido encuentra en los prados alpinos y las laderas
pedregosas un hábitat ideal donde criar y alimentarse. Su llamativo antifaz
rojo contrasta con el plumaje oscuro, convirtiéndolo en una de las aves más
atractivas y características de las altas montañas del corazón de Asia.
miércoles, 29 de julio de 2026
Tash Rabat (Kirguistán); La antigua Ruta de la Seda.
Tash Rabat es uno de esos lugares que parecen detenidos en el tiempo. La semana pasada, aunque parece que ya han pasado tres meses, recorrimos este remoto valle de la antigua Ruta de la Seda, a pocos kilómetros de la frontera con China. A más de 3.500 metros de altitud, el aire escasea por momentos, pero el esfuerzo queda ampliamente recompensado por un paisaje sobrecogedor: un inmenso prado verde, completamente desprovisto de árboles, rodeado de montañas majestuosas donde la nieve aún resiste en los neveros. En este escenario se alza el histórico caravasar de Tash Rabat, refugio de mercaderes y caravanas que cruzaban estas montañas soportando el frío y las duras condiciones de uno de los pasos más emblemáticos de la Ruta de la Seda.
Para los amantes de las aves, Tash Rabat es también un pequeño paraíso de alta montaña. El valle rebosa vida, con especies tan atractivas como la lavandera cetrina, el espectacular treparriscos, el siempre inquieto mirlo acuático o el llamativo ruiseñor pechinegro del Himalaya, entre muchas otras. Pajarear en un lugar cargado de historia, mientras el silencio de las montañas solo se rompe por el canto de las aves y el rumor de los arroyos, convierte la experiencia en algo difícil de olvidar. Sin lugar a dudas, Tash Rabat fue uno de los rincones más especiales y memorables de nuestro viaje ornitológico por Kirguistán.
martes, 28 de julio de 2026
Un pequeño cementerio abandonado en Kirguistán.
A las seis de la mañana el sol ya caía con fuerza sobre la estepa de Kirguistán. El canto de las aves anunciaba un día que despertaba deprisa, así que decidí salir a pajarear por los páramos que rodeaban nuestro alojamiento, cerca de la localidad de Bokonbayevo y del inmenso lago Issyk-Kul. A un lado se alzaban las cumbres todavía nevadas de la cordillera Terskey Alatau, las «montañas sombrías» o montañas que dan la espalda al sol; al otro, una sucesión de lomas desnudas y erosionadas se desdibujaba en el horizonte. Solo por contemplar aquel paisaje sentí que ya había merecido la pena emprender la caminata.
Fue entonces cuando un pequeño cementerio rural,
aparentemente abandonado, atrajo mis pasos. Era un lugar de contrastes: un
camposanto musulmán donde la simbología soviética convivía con frescos que
representaban escenas de caza, cetrería, ciervos y águilas, como si la memoria
de los difuntos quisiera permanecer ligada a la vida que habían conocido. Entre
los enterramientos, algunos gorriones molineros, gorriones chillones, collalbas
isabelinas y alondras comunes encontraban refugio y tranquilidad. Mientras los
observaba, tuve la sensación de que aquel rincón perdido, más que un lugar de
ausencia, era un discreto punto de encuentro entre la historia, el paisaje y la
vida que seguía abriéndose paso cada mañana.
martes, 21 de julio de 2026
Parque Nacional Ala Archa (Kirguistán).
El Parque Nacional Ala Archa, situado en las montañas Tian Shan del Kirguistán septentrional, fue uno de los escenarios más espectaculares de nuestro viaje. Dedicamos dos jornadas completas a recorrer sus valles y laderas, disfrutando de un entorno de gran belleza donde comenzaron a aparecer las primeras aves destacadas de la expedición. Entre ellas sobresalieron la arrenga, los llamativos estorninos rosados y una gran diversidad de páridos, que animaban los bosques y matorrales con su constante actividad.
El paisaje se mostraba todavía marcado por el final de la primavera, con numerosos neveros persistiendo en las zonas altas y las cumbres que rodean el valle. Los extensos bosques de coníferas cubrían las laderas, mientras que una extraordinaria floración llenaba de color praderas y claros. A pesar de ser uno de los espacios naturales más visitados del país y un importante destino turístico para senderistas y montañeros, Ala Archa, en la provincia de Chuy conserva un carácter salvaje y grandioso que lo convierte en un lugar inolvidable para la observación de aves y la contemplación de la naturaleza.
sábado, 18 de julio de 2026
Colirrojo de Güldenstädt (Phoenicurus erythrogastrus).
A las seis de la mañana, en un campo de yurtas del
distrito de At-Bashi, en la provincia kirguisa de Naryn,
la jornada comenzaba envuelta en una luz sorprendentemente intensa para una
altitud de 3.400 metros. El frío y el rocío era el característico de las
primeras horas en las montañas del Tian Shan. Mientras el campamento
despertaba lentamente, apareció un joven colirrojo de Güldenstädt (Phoenicurus
erythrogastrus), confiado y curioso, posándose a corta distancia y permitiéndome
una observación privilegiada. Su presencia, tan temprana e inesperada, se convirtió en el
mejor de los augurios: un auténtico preludio de lo que acabaría siendo una
magnífica jornada de pajareo entre los espectaculares paisajes de las tierras
altas de Kirguistán.