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No puede ser... Aún no he empezado la cosecha de mis pocos olivos y ya me está doliendo la espalda, tengo las manos heladas, no siento los brazos ni las piernas y sueño desde hace noches siempre con lo mismo: “
veo caer aceitunas por todas partes”. ¿Será grave?...
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Como consecuencia de nuestros pocos olivos (
300, como los guerreros espartanos y con la misma “mala leche”) y por la poca rentabilidad de los mismos, seguimos recolectando la aceituna siguiendo el método tradicional: los paños o mantas bajo el árbol y a varear las ramas
(¡viva la modernidad!). Y aunque reconozca que se me hace duro, es una de las pocas oportunidades en las que nos unimos toda la familia. Es decir: conviene aclarar esto, mientras muchos se juntan a atiborrarse de viandas y manjares, propios de estas fechas, mi “
atípica familia” se une para trabajar (
si me hubieran dado a elegir, me habría quedado hasta con la familia “Monster”…)..JPG)
En el fondo me cuesta reconocer las muchas recompensas que me dan estos días de esfuerzo (¿
recompensas?): el aceite de consumo de todo el año está siempre asegurado (
teniendo en cuenta los precios no es baladí), consumir un producto de calidad y ecológico (
esto sí), algo de dinerillo (
cuatro perras), el orgullo de consumir algo que yo mismo ayudo a producir (
prefiero comprarlo) o las deliciosas aceitunas de mesa ricamente aliñadas con limón, ajo, tomillo y mucha paciencia (
estas sí merecen la pena, las únicas).
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La culpa de todo esto, de todo mi malestar, lo tengo clarísimo, la tiene “
el paseo manchego” que di ayer entre mis olivos… ¡¡¡
ESTE AÑO ESTÁN CARGADÍSIMOS DE FRUTO!!!
