El valle de Barskoon, en la vertiente sur del lago Issyk-Kul, es uno de esos lugares donde la grandiosidad del paisaje parece fundirse con la historia. A lo largo del camino sorprenden los monumentos en piedra dedicados a Yuri Gagarin, recuerdo de las visitas que el primer ser humano en viajar al espacio realizó a este rincón de Kirguistán para recuperarse tras sus misiones. Entre densos bosques de coníferas, el estruendo de la espectacular cascada de Barskoon y el impetuoso río que desciende por el valle componen un escenario de una belleza salvaje que invita a detenerse y disfrutar de cada rincón.
Pero, además de su atractivo paisajístico, Barskoon
es un magnífico destino para los amantes de la fauna. Durante nuestra jornada
de pajareo tuvimos la fortuna de observar majestuosos buitres del Himalaya
planeando sobre los riscos, pequeños serines frentirrojos aportando color entre
la vegetación y varias collalbas grises posadas en las laderas pedregosas. Como
simpático contrapunto, un buen número de marmotas corrían de un lado a otro
emitiendo sus característicos silbidos de alarma para advertir de nuestra presencia,
poniendo el broche perfecto a una jornada inolvidable en uno de los valles más
fascinantes de Kirguistán.