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viernes, 7 de agosto de 2026

Lago Issyk-Kul (Kirguistán).

El lago Issyk-Kul fue uno de los grandes protagonistas de nuestro viaje ornitológico por Kirguistán. A lo largo de varios días conseguimos bordear prácticamente por completo este enorme lago salino, descubriendo un paisaje sorprendentemente cambiante en cada una de sus orillas. Campiñas de cultivo, pequeñas ciudades y marjales, ofreciendo ambientes muy diferentes para la observación de aves. El lago parecía transformarse continuamente, y con él también la sensación de estar recorriendo un mismo lugar que, en realidad, nunca terminaba de ser igual.

Pero Issyk-Kul es también un territorio sometido a una creciente presión turística. Nuevos resorts aparecen a un ritmo vertiginoso, como champiñones después de la lluvia, junto a segundas residencias y una afluencia cada vez mayor de visitantes. El contraste resulta especialmente evidente cuando, tras atravesar alguna de estas zonas en plena transformación, volvemos a encontrarnos con la inmensidad del lago y el paisaje que lo rodea. Y siempre, como telón de fondo, las impresionantes montañas nevadas del Tian Shan, que acompañan el recorrido prácticamente en todo momento y recuerdan la extraordinaria escala de este paisaje centroasiático.

martes, 28 de julio de 2026

Un pequeño cementerio abandonado en Kirguistán.

A las seis de la mañana el sol ya caía con fuerza sobre la estepa de Kirguistán. El canto de las aves anunciaba un día que despertaba deprisa, así que decidí salir a pajarear por los páramos que rodeaban nuestro alojamiento, cerca de la localidad de Bokonbayevo y del inmenso lago Issyk-Kul. A un lado se alzaban las cumbres todavía nevadas de la cordillera Terskey Alatau, las «montañas sombrías» o montañas que dan la espalda al sol; al otro, una sucesión de lomas desnudas y erosionadas se desdibujaba en el horizonte. Solo por contemplar aquel paisaje sentí que ya había merecido la pena emprender la caminata.

Fue entonces cuando un pequeño cementerio rural, aparentemente abandonado, atrajo mis pasos. Era un lugar de contrastes: un camposanto musulmán donde la simbología soviética convivía con frescos que representaban escenas de caza, cetrería, ciervos y águilas, como si la memoria de los difuntos quisiera permanecer ligada a la vida que habían conocido. Entre los enterramientos, algunos gorriones molineros, gorriones chillones, collalbas isabelinas y alondras comunes encontraban refugio y tranquilidad. Mientras los observaba, tuve la sensación de que aquel rincón perdido, más que un lugar de ausencia, era un discreto punto de encuentro entre la historia, el paisaje y la vida que seguía abriéndose paso cada mañana.

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****