Los verdaderamente apasionados por la ornitología, aún de viaje cultural en
el centro mismo de cualquier ciudad, o de descanso en la playa, no dejamos en ningún
momento de echar un ojo entre los árboles, edificios y jardines cercanos
buscando todo aquello que vuele, revolotee o planee. Y en ocasiones, como en
este caso, uno descubre cosas sorprendentes que pasan alrededor...
Y así
andaba yo hace unos días, disfrutando de la gaditana Plaza de España y del magnífico Monumento
a la Pepa, la primera Constitución española de 1812, pero también de los jardines y aves del lugar. En estos días
de abril, los árboles del amor están en flor, y entre ellos, multitud de
cotorras argentinas, currucas, ruiseñores, petirrojos y un recién llegado de África, y por lo visto, con bastante
hambre, un alcaudón común, que en un
abrir y cerrar de ojos capturó, como si de un pequeño halcón se tratara un mosquitero. De inmediato empezó a comérselo por
la cabeza, para poco después, no dejar nada más que unas cuantas plumas como único rastro de
lo que allí había pasado...