Tras haber pasado la noche en un campo de yurtas, decidí dar un pequeño paseo de reconocimiento por las verdes praderas de las montañas de Tian Shan (Kirguistán). La hierba, aún cubierta de rocío, brillaba bajo la luz de la mañana mientras algunos zorzales charlos recorrían apresurados el suelo en busca de alimento para sus pollos. De pronto, un discreto grupo de pequeños fringílidos llamó mi atención. Se alimentaban de semillas a escasos metros de mí, medio ocultos entre la hierba, confiando en el excelente camuflaje que les proporcionaba la vegetación. Eran serines frentirrojos (Serinus pusillus), una de esas especies que siempre evocan los paisajes montañosos de Asia Central.
Como ocurre con muchas otras aves propias de esta
región, el serín frentirrojo presenta una curiosa distribución en forma
de media luna que rodea por el oeste el inhóspito desierto del Taklamakán,
ocupando siempre las cordilleras de gran altitud. Desde las montañas de Anatolia
y el Cáucaso hasta los macizos del Tian Shan y el Pamir,
este pequeño fringílido encuentra en los prados alpinos y las laderas
pedregosas un hábitat ideal donde criar y alimentarse. Su llamativo antifaz
rojo contrasta con el plumaje oscuro, convirtiéndolo en una de las aves más
atractivas y características de las altas montañas del corazón de Asia.