Sin lugar a dudas, uno de los mejores momentos ornitológicos de nuestro pasado viaje ornitológico por Kirguistán fue contemplar, a pocos metros, la danza de apareamiento del acentor pardo (Prunella fulvescens). Sobre una piedra, los saltitos de la pareja, la insistencia de la hembra y los múltiples intentos de cópula nos ofrecieron una escena íntima y fascinante, de esas que rara vez se olvidan. Durante unos minutos, pudimos observar con extraordinaria cercanía un comportamiento que normalmente transcurre lejos de la mirada humana, en un escenario tan espectacular como las montañas de Tash Rabat.
Entre las distintas especies de acentores se
conocen comportamientos reproductivos diversos, desde la poligamia hasta la
cría en grupo, pero el acentor pardo parece haber apostado por una estrategia
predominantemente monógama. Más allá de la curiosidad biológica, contemplar una
escena así de la naturaleza, rodeados por las impresionantes cordilleras del
Tian Shan, fue uno de esos regalos inesperados que hacen especial un viaje.
Un recuerdo que permanecerá en mí, no solo por la belleza del paisaje, sino por
haber podido asomarnos, durante unos instantes y a pocos metros, a la vida
íntima de esta pequeña ave de las altas montañas de Asia.
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