
El pasado verano, en el
Valle de Alcudia (
Ciudad Real) encontré esta
Garduña muerta, próxima al lugar donde meses antes, alguien también atropelló un
Lince. Es triste reconocer que hay especies que aunque viven próximas a nosotros, sólo somos capaces de detectarlas cuando caen en la trampa que supone para ellas nuestras carreteras.

Autovías, vías férreas y carreteras suponen fronteras insalvables para la mayoría de las especies que habitan la
Tierra. Quedando sólo algunos reductos de vida inconexos, pequeñas islas de biodiversidad, que son un lastimoso legado para las nuevas generaciones. La solución pasa por la confección de corredores naturales seguros, que permitan el contacto entre las distintas poblaciones.