Temprano, aún con la helada, se dejan ver las Currucas Rabilargas, Sylvia Undata, merodeando como ratoncillos por su territorio. – Juraría que no están aquí todo el año. Es ahora, en invierno, cuando las encuentro entre los matorrales que circundan una vieja casona de labranza. – Se esconden en lo más profundo de los matorrales. Allí buscan los insectos y las pequeñas arañas que aún permanecen aletargados por estas fechas. – Nunca dan largos vuelos, sino que pasan metódicamente de una mata a la siguiente sin dejar de escudriñar ninguna.
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martes, 24 de enero de 2012
sábado, 9 de enero de 2010
El milagro de San Antonio, o algo así....
Según cuenta una vieja coplilla, propia de la tradición religiosa y del folclore de estas tierras: San Antonio de Padua, siendo todavía un niño ordenó que las aves que se alimentaban en su huerto, se introdujeran dentro de un cuarto y así cumplir con lo que su padre le había mandado: Cuidar que los pájaros no acabaran con las cosechas que serían a la postre, el alimento de su familia para todo el año.
Al llegar su señor padre a casa, de pasar el cartón del paro y tomar un chato de vino blanco de Valdepeñas en el bar del pueblo, encontró que el pequeño Antoñito no se hallaba en el huerto, cumpliendo con sus requerimientos, por lo que riñó de inmediato al niño por desobediente y desatento.
Enfadado como estaba su señor padre y muy decidido, esta vez sí castigaría a su hijo de manera inflexible, dejándolo sin gameboy, ni móvil, ni ordenador, ni videojuegos. Llamó al niño Antoñito y le pidió explicaciones, antes de tomar medidas tan severas y a todas luces injustas...
El pequeño Antonio, que había aprobado todo, hasta francés (con lo difícil que es). Contó con pelos y señales lo que había hecho: Que decidió ordenar a todas las aves del huerto que se introdujeran en un cuarto. Y así, estar completamente seguro de cumplir con su tarea. Ningún pajarillo, comería pues, ni una sola de las frutas, ni uno solo de los cereales transgénicos, que con tanto trabajo habían plantado y que ahora, por cierto, regaban por goteo, con agua procedente de un pozo ilegal.
El Padre llamó de inmediato a TVE1 para poder salir en el programa de la tarde: “España Directo”. Pero quedó completamente desilusionado, dado que para ese día no quedaba ni un solo hueco y además retransmitían por cuarta vez, el programa navideño de José Mota...
Allí seguían todos los pájaros, dentro de aquella habitación. Entonces, el niño dijo a su padre: “¡Jooo paaa tengo que soltar a todos estos plumíferos, que tengo partido a las ocho y luego he quedao con el Jonathan y el Borja p´hacer unos graffitis en las paredes del instiii!”. El niño se puso en la puerta y cientos de aves, grandes y pequeñas salieron de la habitación y no volvieron nunca más a comer nada de aquel huerto. Que hoy, por cierto, es una urbanización muy mona, con campo de golf y de tenis.
El niño Antoñito, muy satisfecho por haber cumplido con su tarea, se piró con los amigos. El señor padre quedó contento, pues su cosecha, aunque luego se la pagarían por debajo de los gastos de producción, seguía intacta. Pero, como en todas las historias, siempre hay alguien que lo pasa mal: La mamá del niño santo estaba que se subía por las paredes, pues los pájaros habían dejado el cuarto lleno de cacas, plumas y un huevo…
Y colorín colorado este cuento (o milagro, o lo que sea) se ha acabado. Pido disculpas si alguien se siente molesto porque la vieja leyenda del milagro de San Antonio de Padua ha llegado hasta este blog “un tanto adulterada”. ¡Yo no tengo la culpa! A mí me la contaron así…
Aquí están algunas de las aves del milagro de San Antonio, que estos días van de un lado a otro huyendo de los temporales de nieve y frío. Pobres...
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