viernes, 21 de agosto de 2026

Lavandera boyera balcánica.

La Motacilla flava feldegg, conocida como lavandera boyera balcánica o cabecinegra, es una de esas aves que ya había tenido ocasión de fotografiar años atrás. Sin embargo, mi encuentro con ella en el lago Issyk-Kul, en Kirguistán, fue muy diferente. Nunca había visto una concentración tan numerosa de estas lavanderas, que parecían ocupar buena parte de los marjales de la zona, aprovechando la vegetación palustre como lugar de descanso y alimentación.

Lo que más me llamó la atención fue su constante actividad vocal: una y otra vez se encaramaban a tallos y otras plantas de la vegetación de los marjales para cantar, haciendo que su presencia resultara evidente incluso antes de localizarlas con la vista. Poder contemplar y fotografiar tantos ejemplares juntos, en un paisaje tan distinto al de mis anteriores encuentros manchegos, convirtió la observación de esta subespecie en uno de los momentos ornitológicos más especiales de mi visita a Issyk-Kul.

Carbonero nuquirrufo (Periparus rufonuchalis)

El carbonero nuquirrufo (Periparus rufonuchalis) fue una de las primeras especies que pudimos fotografiar a placer durante nuestra visita al Parque Nacional Ala Archa, en Kirguistán. Este pequeño párido es una de las aves más representativas de los sistemas montañosos de Asia Central. Encontrarlo en este espectacular entorno, rodeado por las cumbres del Tian Shan, fue una de esas primeras observaciones que comienzan a dar forma a la experiencia ornitológica del viaje.

Los ejemplares que localizamos se mostraron especialmente confiados y dóciles, permitiéndonos disfrutar de su presencia y obtener fotografías con una enorme facilidad. Como ocurre con otros páridos de estos lugares, parecían estar muy acostumbrados a recibir alimento tanto de los cuidadores del parque como de los numerosos visitantes, un comportamiento que, aunque facilita enormemente su avistamiento y observación, también explica en buena medida su falta de temor hacia las personas. Para nosotros supuso una magnífica oportunidad de contemplar de cerca y fotografiar con calma a una especie tan característica de las montañas centroasiáticas, disfrutando además de sus movimientos inquietos y de ese aspecto inconfundible que la hace tan especial.

viernes, 7 de agosto de 2026

Lago Issyk-Kul (Kirguistán).

El lago Issyk-Kul fue uno de los grandes protagonistas de nuestro viaje ornitológico por Kirguistán. A lo largo de varios días conseguimos bordear prácticamente por completo este enorme lago salino, descubriendo un paisaje sorprendentemente cambiante en cada una de sus orillas. Campiñas de cultivo, pequeñas ciudades y marjales, ofreciendo ambientes muy diferentes para la observación de aves. El lago parecía transformarse continuamente, y con él también la sensación de estar recorriendo un mismo lugar que, en realidad, nunca terminaba de ser igual.

Pero Issyk-Kul es también un territorio sometido a una creciente presión turística. Nuevos resorts aparecen a un ritmo vertiginoso, como champiñones después de la lluvia, junto a segundas residencias y una afluencia cada vez mayor de visitantes. El contraste resulta especialmente evidente cuando, tras atravesar alguna de estas zonas en plena transformación, volvemos a encontrarnos con la inmensidad del lago y el paisaje que lo rodea. Y siempre, como telón de fondo, las impresionantes montañas nevadas del Tian Shan, que acompañan el recorrido prácticamente en todo momento y recuerdan la extraordinaria escala de este paisaje centroasiático.

Camachuelo carminoso (Carpodacus erythrinus).

El camachuelo carminoso (Carpodacus erythrinus) fue, sin duda, una de las aves que más nos acompañó durante nuestro viaje por Kirguistán. En nuestros primeros días, en el Parque Nacional de Ala Archa, lo escuchábamos por todas partes, pero se resistía a dejarse ver entre la vegetación. Su canto llegaba desde distintos puntos del paisaje, como una presencia constante y misteriosa que parecía acompañarnos sin permitirnos descubrir a su autor. Poco a poco, sin embargo, fuimos aprendiendo a localizarlo y, para nuestra sorpresa, acabó apareciendo en todas y cada una de nuestras jornadas ornitológicas por el país.

Con el paso de los días, el camachuelo carminoso se convirtió en una de las aves más habituales y, sobre todo, en una de las más representativas de nuestro viaje. Su canto, repetido una y otra vez en valles, laderas y zonas de matorral, terminó formando parte inseparable de nuestros recuerdos de Kirguistán. Tanto es así que podría decir que, para nosotros, su melodía es el sonido que caracteriza el paisaje kirguís: un sonido que primero escuchábamos con frustración, mientras buscábamos infructuosamente al ave, y que terminó convirtiéndose en una de las bandas sonoras más bonitas de aquellas jornadas entre montañas.

jueves, 6 de agosto de 2026

Torre Burana; Patrimonio Mundial de la UNESCO en Kirguistán.

La Torre Burana se alza solitaria en el valle de Chuy, a unos 80 kilómetros al este de Biskek, cerca de la ciudad de Tokmok. Este elegante minarete de ladrillo, construido entre los siglos X y XI por el kanato karajánida, es el principal vestigio de la antigua ciudad de Balasagun, uno de los grandes enclaves de la Ruta de la Seda. Aunque originalmente alcanzaba unos 45 metros de altura, los terremotos redujeron su tamaño hasta los aproximadamente 25 metros actuales, convirtiéndola en un extraordinario testimonio de la arquitectura medieval de Asia Central.

El conjunto arqueológico de Burana forma parte del corredor Chang'an–Tian Shan de las Rutas de la Seda, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2014 por su excepcional valor histórico y cultural. Además de la torre, el recinto conserva restos de murallas, mausoleos, petroglifos y los característicos balbales, antiguas estelas funerarias turcas que evocan el pasado nómada de la región. Visitar Burana es contemplar uno de los lugares donde Oriente y Occidente intercambiaron mercancías, ideas y culturas durante más de un milenio.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Lavandera cetrina (Motacilla citreola).

La lavandera cetrina (Motacilla citreola) es una de las aves más vistosas de las estepas y montañas de Asia Central. Durante la época reproductora, el intenso amarillo de la cabeza y el pecho de los machos contrasta con el gris del dorso, convirtiéndola en un pequeño destello de color entre los pastizales alpinos. Inquieta y elegante, recorre sin descanso las orillas de arroyos y las praderas húmedas en busca de pequeños insectos, moviendo constantemente su larga cola, un comportamiento característico de todas las lavanderas.

En Kirguistán resulta especialmente abundante en los prados de alta montaña de Tash Rabat, donde encuentra un hábitat ideal para criar durante el corto verano. En este espectacular entorno, rodeado de cumbres y amplias llanuras alpinas, su llamativo plumaje destaca sobre el verde intenso de los pastos, convirtiéndola en una de las aves más atractivas para el observador y el fotógrafo de naturaleza. Su presencia aporta una nota de color inconfundible a unos paisajes que, por sí solos, ya son de una belleza extraordinaria.

Escribano triguero aiático (Emberiza calandra buturlini) en Kirguistán.


El triguero asiático (Emberiza calandra buturlini) fue uno de los protagonistas de las fértiles llanuras de la campiña oriental del lago Issyk-Kul, en Kirguistán. Lo encontré cantando, bien visible, desde la rama más alta de un arbusto, dominando un paisaje de cultivos de maíz, patata y cereales que constituye el hábitat ideal para esta especie. Su canto, sencillo pero persistente, formaba parte de la banda sonora de estos campos abiertos, donde el triguero encuentra alimento, lugares de nidificación y excelentes atalayas desde las que defender su territorio.

Oropéndola india (Oriolus kundoo).

La oropéndola india (Oriolus kundoo) volvió a poner a prueba mi paciencia. Si el año pasado, en Gambia, fui incapaz de fotografiar a la oropéndola africana, este año, en Kirguistán, solo he conseguido una imagen testimonial de su pariente asiática. Es un ave mucho más fácil de escuchar que de observar: su melodioso canto delata su presencia, pero suele permanecer oculta entre las copas de los árboles, moviéndose con discreción entre las ramas más altas. Cuando por fin se deja ver, suele ser apenas unos segundos, lo justo para confirmar que estaba allí antes de volver a desaparecer entre el follaje.

El altiplano del lago Song Kol (Kirguistán).

Llegar al altiplano del lago Song Kol fue una experiencia inolvidable. Accedimos por el paso occidental, ascendiendo bajo un intenso aguacero por una pista de tierra que serpenteaba en interminables zigzags hasta el mirador de Moldo-Ashuu, situado a más de 3.000 metros de altitud. Al superar el puerto, el paisaje se abrió de repente mostrando la inmensidad de uno de los rincones más emblemáticos de Kirguistán. Nuestro campo de yurtas, instalado a escasos metros de la orilla del lago, nos permitió sumergirnos de lleno en un entorno donde la naturaleza conserva intacto su carácter salvaje.

En Song Kol no hay árboles que rompan el horizonte. Una inmensa pradera alpina se extiende hasta perderse de vista, salpicada en verano por delicadas flores de edelweiss y recorrida por rebaños de vacas y caballos que pastan libremente. Al fondo, como silenciosos guardianes del altiplano, se alzan las grandes montañas cubiertas de nieve de la cordillera de Tian Shan, alimentando con su deshielo los verdes pastos que dan vida a este singular ecosistema. Es un paisaje de una belleza serena y casi infinita, donde el cielo, el agua y la montaña parecen fundirse en un mismo escenario.

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****