domingo, 30 de agosto de 2026

Mirlo mandarín (Turdus mandarinus).

En distintos parques urbanos de la populosa Shanghái he podido fotografiar al mirlo mandarín (Turdus mandarinus) durante una jornada lluviosa y especialmente calurosa. Mientras muchas otras aves permanecían resguardadas entre la vegetación, algunos mirlos se mostraban sorprendentemente activos. Recorrían con paso decidido las extensiones de césped, deteniéndose constantemente para buscar lombrices y otros pequeños invertebrados que la humedad hacía más accesibles. 

En otra de las zonas verdes observé un pequeño grupo de mirlos concentrado alrededor de una fuente. Aprovechando la abundancia de agua, varias aves se introducían en ella para bañarse, sacudiendo después las plumas y acicalándose con tranquilidad. La escena ofrecía una curiosa imagen de naturaleza integrada en el paisaje urbano de Shanghái: entre el ruido, los edificios y el movimiento constante de una de las ciudades más pobladas del mundo, estos mirlos encontraban en los parques y sus fuentes espacios donde alimentarse, asearse y desarrollar su actividad cotidiana.

Biskek (Kirguistán).

Nuestra visita a Biskek fue apenas un paréntesis de unas horas antes de tomar rumbo al aeropuerto. El tiempo justo para recorrer parte de su centro histórico, asomarnos a sus calles y plazas y, cómo no, hacer las últimas compras de recuerdos para llevar a casa. Biskek transmite la sensación de ser un proyecto en ciernes, como si la ciudad —y quizá todo Kirguistán— estuviera buscando todavía la forma de construir su futuro. Por todas partes hay obras, grandes proyectos y, sobre todo, inmensos rascacielos que parecen querer dibujar un horizonte nuevo, alejándose poco a poco de la profunda huella del pasado soviético que aún permanece en sus avenidas y edificios. En sus calles también se hace visible la diversidad de un país situado en el corazón de Asia Central, donde se encuentran y conviven diferentes pueblos y culturas: kirguises y otros pueblos túrquicos, comunidades de origen mongol, rusos, chinos… Una mezcla que convierte a Biskek en un reflejo, todavía inacabado, de ese país que mira hacia adelante sin dejar de llevar consigo las huellas de su pasado.

Gavilán de las marismas verde (Orthetrum sabina).

Fotografiada tomada en el entorno histórico de la colina del Tigre en Suzhou (China), esta libélula es un ejemplar de Orthetrum sabina, conocida como el gavilán de las marismas verde. Aunque a primera vista sus ojos verdosos y su abdomen estilizado —hinchado en la base y rematado en un bulbo oscuro— imitan a la perfección la silueta de los gómfidos europeos del género Onychogomphus, este insecto pertenece en realidad a la familia Libellulidae. El llamativo patrón de franjas verde lima y negras de su tórax le proporciona un camuflaje óptimo entre la densa vegetación húmeda de los jardines clásicos de la región, donde actúa como una depredadora implacable que acecha inmóvil desde posaderos de piedra y ramas secas.

Colirrojo fuliginoso (Phoenicurus fuliginosus).

En los pequeños arroyos de Zhanjiajie, entre rocas húmedas y aguas cristalinas, me esperaba un encuentro que no tenía previsto. Después de haber observado varias especies de colirrojo durante mi reciente viaje por Kirguistán, no imaginaba que en China iba a descubrir uno nuevo para mi cuaderno de campo: el colirrojo fuliginoso (Phoenicurus fuliginosus). Su plumaje, dominado por delicados tonos grises y azulados, le confiere un aspecto sobrio y elegante, muy diferente al de otros colirrojos que había observado hasta entonces.

Pero fue sobre todo su comportamiento el que llamó mi atención. Más que a un colirrojo, su manera de moverse me recordó a la de una lavandera cascadeña, avanzando con agilidad por el cauce y saltando de una roca a otra mientras inspeccionaba incansablemente el entorno. En este escenario de pequeños rápidos, piedras cubiertas de humedad y densa vegetación, el colirrojo fuliginoso parecía completamente integrado en el paisaje, ofreciendo una bonita oportunidad para fotografiar a esta especie tan ligada a los cursos de agua de montaña.

Treparriscos (Tichodroma muraria).

En una pared rocosa próxima al camino principal, en Tash Rabat (Kirguistán), nos detuvimos a inspeccionar los acantilados en busca del treparriscos (Tichodroma muraria), una especie que recientemente se me había resistido en mi salida por los Picos de Europa. Aquí, sin embargo, no se hizo mucho de rogar: al poco tiempo apareció una pareja, desplazándose con su característico vuelo mariposeante de un lado a otro de la pared y dejándonos disfrutar de la observación de esta singular ave, perfectamente adaptada a la vida vertical de los grandes paredones rocosos.

sábado, 29 de agosto de 2026

Acentor del Himalaya (Prunella himalayana) en Kirguistán.

El acentor del Himalaya (Prunella himalayana) es un buen ejemplo de los sorprendentes vínculos biogeográficos que unen las montañas del Tian Shan, en Kirguistán, con las grandes cordilleras de Asia. Estas montañas forman parte de un extenso sistema montañoso que se prolonga hacia el Himalaya, y esa continuidad queda reflejada en una fauna que, en muchos casos, comparte especies a lo largo de miles de kilómetros. Durante mi estancia en Tash Rabat tuve la oportunidad de fotografiar a este acentor, una pequeña ave perfectamente adaptada a estos ambientes de alta montaña y que constituye una muestra más de la extraordinaria conexión natural entre las cordilleras de Asia Central y el Himalaya.

Alondra cornuda (Eremophila alpestris albigula) en Kirguistán.

La alondra cornuda (Eremophila alpestris albigula) fue una de las aves que pude observar y fotografiar durante el pasado mes de julio en las montañas de Tian Shan, en Kirguistán. En pleno verano, los extensos pastizales de montaña estaban llenos de vida y era relativamente habitual encontrar a estas alondras acompañadas de sus pollos, que seguían atentamente los movimientos de sus progenitores.

La abundancia de saltamontes convertía aquellos prados en un auténtico supermercado para las familias de alondras. Los adultos iban y venían incansablemente, capturando uno tras otro para alimentar a unos pollos que parecían no tener nunca suficiente. Observar de cerca esta escena, en un paisaje tan espectacular como el de Tian Shan, fue sin duda uno de los momentos más interesantes de aquellas jornadas de fotografía.

Urraca piquirroja (Urocissa erythrorhyncha).

La Urraca piquirroja (Urocissa erythrorhyncha) fue una de las aves más llamativas que pude fotografiar cerca de Zhangjiajie, en China. Siempre aparecía en pequeños grupos familiares, moviéndose entre la vegetación y manteniéndose bastante alerta ante nuestra presencia. Su plumaje, con una combinación de azules intensos, negro y blanco y su característico pico rojo, resulta especialmente vistoso, aunque fotografiarla no fue nada fácil: se mostraba muy desconfiada y no tardaba en alejarse ante cualquier movimiento. Precisamente por eso, cada fotografía conseguida tuvo un pequeño sabor a recompensa.

Suzhou (China).

No tuvimos en ningún momento la sensación de que la ciudad terminara durante nuestro desplazamiento en autobús desde Shanghái hasta la pintoresca Suzhou. Los gigantescos rascacielos de cristal brotaban aquí y allá entre los campos, aparentemente sin un orden urbanístico reconocible, en una sucesión interminable de nuevas construcciones que parecía prolongar indefinidamente la gran metrópoli china. El contraste resultaba sorprendente al llegar a Suzhou y adentrarnos en su pequeño centro histórico, donde los coloridos canales, los puentes de piedra y las casas tradicionales componían una imagen mucho más íntima y evocadora.

Durante nuestra visita conocimos también la Colina del Tigre, coronada por su célebre pagoda inclinada, y uno de los tradicionales jardines de Suzhou, una de esas pequeñas obras maestras de la arquitectura paisajística china que forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Pero bastaba alejarse unos pocos metros del núcleo histórico para que apareciera la otra Suzhou: una gigantesca macrourbe de más de doce millones de habitantes, con avenidas, bloques residenciales y modernos edificios extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista. Dos ciudades aparentemente muy distintas convivían así en un mismo espacio: la Suzhou de los canales y los jardines y la inmensa urbe que representa la vertiginosa transformación de la China contemporánea.

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****