La provincia de Naryn nos recibió con uno de los paisajes más extremos del viaje. Tras recorrer las llanuras áridas y los cerros desnudos que preceden al ascenso hacia el lago Song-Köl por el puerto de Ashuu, a casi 3.400 metros de altitud, el ambiente cambió de forma radical. El sofocante calor de las zonas bajas dio paso al frío, al viento y a una lluvia persistente que envolvía las montañas. Fue en ese entorno de transición, donde la vida parece abrirse paso con dificultad, donde apareció esta discreta Epipactis sp., creciendo junto a un pequeño curso de agua y aportando una inesperada nota de delicadeza al paisaje.
Las orquídeas silvestres no figuraban entre los
objetivos de nuestro viaje ornitológico por Kirguistán, pero resulta
imposible resistirse a fotografiarlas cuando el azar las pone en el camino.
Cada encuentro con una orquídea es un pequeño regalo, y esta Epipactis
fue uno de esos hallazgos que compensan cualquier parada imprevista. Aunque su
identidad específica permanece incierta, la elegancia de sus pequeñas flores
verdosas y el privilegio de encontrarla en un rincón tan remoto de las montañas
kirguisas hicieron que la cámara cambiara, por unos minutos, las aves por la
botánica.