miércoles, 5 de agosto de 2026

Lavandera cetrina (Motacilla citreola).

La lavandera cetrina (Motacilla citreola) es una de las aves más vistosas de las estepas y montañas de Asia Central. Durante la época reproductora, el intenso amarillo de la cabeza y el pecho de los machos contrasta con el gris del dorso, convirtiéndola en un pequeño destello de color entre los pastizales alpinos. Inquieta y elegante, recorre sin descanso las orillas de arroyos y las praderas húmedas en busca de pequeños insectos, moviendo constantemente su larga cola, un comportamiento característico de todas las lavanderas.

En Kirguistán resulta especialmente abundante en los prados de alta montaña de Tash Rabat, donde encuentra un hábitat ideal para criar durante el corto verano. En este espectacular entorno, rodeado de cumbres y amplias llanuras alpinas, su llamativo plumaje destaca sobre el verde intenso de los pastos, convirtiéndola en una de las aves más atractivas para el observador y el fotógrafo de naturaleza. Su presencia aporta una nota de color inconfundible a unos paisajes que, por sí solos, ya son de una belleza extraordinaria.

Escribano triguero aiático (Emberiza calandra buturlini) en Kirguistán.


El triguero asiático (Emberiza calandra buturlini) fue uno de los protagonistas de las fértiles llanuras de la campiña oriental del lago Issyk-Kul, en Kirguistán. Lo encontré cantando, bien visible, desde la rama más alta de un arbusto, dominando un paisaje de cultivos de maíz, patata y cereales que constituye el hábitat ideal para esta especie. Su canto, sencillo pero persistente, formaba parte de la banda sonora de estos campos abiertos, donde el triguero encuentra alimento, lugares de nidificación y excelentes atalayas desde las que defender su territorio.

Oropéndola india (Oriolus kundoo).

La oropéndola india (Oriolus kundoo) volvió a poner a prueba mi paciencia. Si el año pasado, en Gambia, fui incapaz de fotografiar a la oropéndola africana, este año, en Kirguistán, solo he conseguido una imagen testimonial de su pariente asiática. Es un ave mucho más fácil de escuchar que de observar: su melodioso canto delata su presencia, pero suele permanecer oculta entre las copas de los árboles, moviéndose con discreción entre las ramas más altas. Cuando por fin se deja ver, suele ser apenas unos segundos, lo justo para confirmar que estaba allí antes de volver a desaparecer entre el follaje.

El altiplano del lago Song Kol (Kirguistán).

Llegar al altiplano del lago Song Kol fue una experiencia inolvidable. Accedimos por el paso occidental, ascendiendo bajo un intenso aguacero por una pista de tierra que serpenteaba en interminables zigzags hasta el mirador de Moldo-Ashuu, situado a más de 3.000 metros de altitud. Al superar el puerto, el paisaje se abrió de repente mostrando la inmensidad de uno de los rincones más emblemáticos de Kirguistán. Nuestro campo de yurtas, instalado a escasos metros de la orilla del lago, nos permitió sumergirnos de lleno en un entorno donde la naturaleza conserva intacto su carácter salvaje.

En Song Kol no hay árboles que rompan el horizonte. Una inmensa pradera alpina se extiende hasta perderse de vista, salpicada en verano por delicadas flores de edelweiss y recorrida por rebaños de vacas y caballos que pastan libremente. Al fondo, como silenciosos guardianes del altiplano, se alzan las grandes montañas cubiertas de nieve de la cordillera de Tian Shan, alimentando con su deshielo los verdes pastos que dan vida a este singular ecosistema. Es un paisaje de una belleza serena y casi infinita, donde el cielo, el agua y la montaña parecen fundirse en un mismo escenario.

Gorrión alpino (Montifringilla nivalis) en las montañas de Tash Rabat (Kirguistán).

El gorrión alpino (Montifringilla nivalis) fue una de las aves más habituales durante nuestra estancia en el campo de yurtas de Tash Rabat, en las montañas de Kirguistán. Varias parejas recorrían incansablemente los establos en busca de alimento, aprovechando la actividad humana y la presencia del ganado para encontrar insectos y otros pequeños invertebrados con los que alimentar a sus pollos. En julio, el verano kirguís apenas acaba de comenzar; es una primavera tardía y fugaz que obliga a las aves de alta montaña a concentrar en pocas semanas todo el proceso reproductor.

El paisaje que rodea Tash Rabat parece hecho a la medida del gorrión alpino: cumbres todavía cubiertas de nieve, extensos prados de un verde intenso permanentemente regados por el deshielo y un aire limpio y fresco incluso en pleno verano. En este entorno, donde la vida despierta de forma explosiva tras un largo invierno, la especie encuentra las condiciones ideales para criar. Fotografiarla en plena actividad, entre los establos y las montañas nevadas del fondo, fue una magnífica muestra de la estrecha relación entre la fauna de alta montaña y un paisaje tan bello como efímero.

martes, 4 de agosto de 2026

Gorrión molinero en el cementerio de Bokonvayevo en Kirguistán.

El gorrión molinero (Passer montanus) también encontraba refugio en el viejo cementerio abandonado de Bokonbayevo, en Kirguistán, el mismo lugar donde pude fotografiar al gorrión chillón. Mientras recorría sus senderos silenciosos, no pude evitar pensar que estos antiguos cementerios, respetados por las gentes del lugar y apenas alterados por la actividad humana, terminan convirtiéndose en pequeños refugios para la naturaleza. Entre lápidas envejecidas, la vida salvaje encuentra un espacio donde prosperar con tranquilidad, recordándonos que, incluso en lugares dedicados a la memoria de quienes ya no están, la vida sigue abriéndose paso con absoluta libertad.

Quebrantahuesos en altiplano del lago Son Kul (Kirguistán).

Tras acampar en el impresionante altiplano del lago Song Kol, retomamos la ruta mientras los primeros valles se abrían ante nosotros. La nieve aún cubría las cumbres, las corrientes de agua descendían hacia los pastizales y, dispersos por el paisaje, aparecían pequeños asentamientos de yurtas junto a los rebaños que dan vida a estas montañas. Fue entonces cuando una familia de quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) comenzó a sobrevolarnos, describiendo amplios círculos sobre nuestras cabezas antes de desaparecer con la misma facilidad con la que había surgido entre las montañas. Contemplar a una de las aves más emblemáticas de las grandes cordilleras en un escenario tan grandioso fue, sin duda, la mejor despedida posible de este rincón tan especial de Kirguistán.

Pardillo piquigualdo (Linaria flavirostris).

El pardillo piquigualdo (Linaria flavirostris) fue un visitante habitual del asentamiento de yurtas de Tash Rabat en Kirguistán, donde pequeños grupos revoloteaban continuamente por los alrededores. A menudo compartían el espacio con otras especies propias de estos ambientes de montaña, como pardillos comunes, gorriones alpinos, colirrojos y alondras cornudas, formando animadas bandadas que recorrían el campamento y sus inmediaciones en busca de alimento. Su discreto plumaje contrastaba con el llamativo tono amarillento del pico, un rasgo característico que facilita su identificación y que da nombre a esta interesante especie de la estepa de Asia Central.

Zorzal charlo (Turdus viscivorus) en Kirguistán.

El zorzal charlo (Turdus viscivorus) fue una de las especies más fáciles de observar durante mi estancia cerca del Parque Nacional de Ala Archa, en Kirguistán. Tenía su posadero habitual en lo más alto de una gran picea, desde donde dominaba el entorno antes de emprender continuos vuelos de ida y vuelta hacia los huertos y jardines cercanos en busca de alimento. Su fidelidad a este oteadero permitió seguir de cerca su comportamiento y captar diferentes escenas de una especie que, además de su elegante porte, destaca por su carácter vigilante y su incansable actividad.

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****