martes, 8 de septiembre de 2026

Macacos rhesus (Macaca mulatta), una atracción de feria en Zangjiajie (China).

En el conocido como Arroyo del Látigo de Oro - Golden Whip Stream, dentro del Parque Nacional de Zhangjiajie, la presencia de los macacos rhesus (Macaca mulatta) me produjo una sensación difícil de conciliar con la idea de un espacio natural protegido. Los animales eran alimentados tanto por los propios guardas como por los turistas, que se acercaban constantemente, y a corta distancia, para fotografiarlos. En algunos momentos, una verdadera multitud rodeaba a un solo macaco, convirtiéndolo en una atracción más dentro del recorrido turístico. La interacción entre visitantes y animales parecía completamente normalizada, hasta el punto de que los monos habían aprendido a permanecer cerca de las personas y a esperar comida. Más que observar fauna silvestre en su entorno, la impresión era la de asistir a un espectáculo en el que los animales constituían uno de los principales reclamos para el visitante.

La situación resultaba todavía más contradictoria al observar el río, un elemento natural que, en un espacio de estas características, debería encontrarse especialmente protegido. Decenas de personas se refrescaban en sus aguas, mientras el entorno recibía diariamente una enorme presión turística. Todo parecía responder, en buena medida, a una lógica de explotación económica del paisaje: vender entradas, atraer visitantes y generar ingresos. La experiencia me hizo reflexionar sobre las diferencias entre esta concepción del turismo de naturaleza y la idea de conservación ambiental con la que estoy más familiarizado en Europa, donde —al menos en principio— se busca limitar la alteración de los ecosistemas y reducir la interacción directa con la fauna. Salí de Golden Whip Stream con sentimientos encontrados: profundamente impresionado por la espectacularidad del paisaje, pero también con una sensación agridulce al comprobar que la belleza natural del lugar parecía estar, en cierta medida, subordinada a su capacidad para generar ingresos.

Cisnes cantores (Cygnus cygnus), en el pantano de Orto Tokoy (Kirguistán).

A medio camino entre el gigantesco lago Issyk-Kul y el altiplano del lago Song-Kul, hicimos una parada en el pantano de Orto Tokoy. El humedal estaba animado, con multitud de tarros canelos, cercetas comunes, cormoranes y, bastante más al fondo, algunas serretas grandes. Entre aquel mosaico de anátidas destacaron tres Cisnes cantores (Cygnus cygnus), que se mantenían a considerable distancia, demasiado lejos para que mi cámara pudiera hacerles justicia. Aun así, su silueta elegante y su inconfundible porte los convertían en una de las observaciones más interesantes de aquella parada, apareciendo allí, en medio de aquel remoto paisaje kirguís, como inesperados protagonistas del humedal.

Bisbita alpino (Anthus spinoletta) en las montañas de Tash Rabat (Kirguistán).

Desde primera hora, una fina lluvia nos acompañó durante nuestra ruta de pajareo por las impresionantes montañas de Tash Rabat, en Kirguistán. Entre la humedad y los paisajes de altura, los Bisbitas alpinos (Anthus spinoletta) no tardaron en llamar mi atención. Es una especie que suelo encontrar en invierno en las lagunas de La Mancha, pero observarlos ahora, en plena época de cría y luciendo el plumaje nupcial, me permitió descubrirlos con un aspecto bastante diferente: tonos más claros, delicados matices y esos sutiles toques canela que realzan su librea. Sin embargo, los bisbitas se mostraban especialmente inquietos ante mi presencia. Algunos incluso llevaban insectos en el pico, una señal inequívoca de que estaban ocupados alimentando a sus pollos y de que, sin pretenderlo, mi presencia estaba interfiriendo en sus labores de cría. Una vez más, la observación de aves me recordó que disfrutar de ellas también implica saber cuándo mantener la distancia y dejar que continúen con lo verdaderamente importante.

Mariposa botella azul común o triángulo azul (Graphium sarpedon).

A primera hora de la mañana, mientras recorría los alrededores de Wulingyuan, próximo a Zhangjiajie, rodeado por la imponente vegetación que crece al pie de sus colinas de piedra, me llamó la atención el vuelo increíblemente rápido y nervioso de un lepidóptero de buen tamaño que frecuentaba los pequeños huertos locales. Al posarse con las alas cerradas sobre unas pequeñas flores blancas, logré fotografiarlo y apreciar su espectacular diseño: sobre el fondo negro aterciopelado de sus alas —completamente redondeadas y carentes de colas— destacaba una nítida franja central de un tono blanco azulado translúcido que, al plegarse, creaba el efecto visual de una media luna invertida. El contraste era perfecto gracias a una serie de pequeñas y delicadas manchas rojas en forma de luneta que adornaban el borde inferior externo. La especie no era otra que la mariposa botella azul común o triángulo azul (Graphium sarpedon).

lunes, 7 de septiembre de 2026

El ciprés Chujianbai en el Templo de Confucio de Pekín (China); El ciprés que toca la maldad.

Nuestros pasos perdidos por los hutongs de Pekín, bajo una mañana de lluvia persistente, acabaron llevándonos hasta el Templo de Confucio, donde encontramos refugio y, casi por casualidad, una de esas historias que convierten un lugar en algo más que piedra y arquitectura. Entre los jardines del templo crece el célebre ciprés Chujianbai, conocido como el ciprés que toca la maldad. La tradición cuenta que, durante la dinastía Ming, el emperador Jiajing visitó el templo y, al pasar bajo las ramas del viejo árbol, su sombrero ceremonial fue rozado por ellas. El emperador interpretó aquel gesto como una señal de que el ciprés había reconocido y tocado su maldad, y desde entonces el árbol quedó asociado a la capacidad de distinguir la virtud de la corrupción.

Así, refugiado de la lluvia entre los patios del templo, me encontré frente a un árbol que parecía guardar muchos más siglos de historias que de hojas. Su leyenda habla de una mirada invisible capaz de atravesar las apariencias y descubrir lo que cada persona lleva dentro. En los viajes, a veces, perderse es la mejor forma de tropezar con una historia que de otro modo habría pasado inadvertida.

Mariposa kirinia eversmanni (Esperarge eversmanni) en Kirguistán.

En las imponentes montañas de Kirguistán en este pasado mes de julio, logré fotografiar un ejemplar que capturó de inmediato mi atención. Al posarse sobre un cardo alpino con las alas cerradas, su silueta y los seis característicos ocelos postdiscales en el reverso de las alas posteriores me recordaron fuertemente a una mariposa pedregosa (Lasiommata maera). Sin embargo, un análisis más detallado de sus patrones reveló detalles incompatibles con ese género: unas marcas de un blanco limpio y contrastado que envolvían los ocelos del ala posterior, combinadas con un ala anterior de tonos anaranjados muy vivos dominada por un único y pequeño ocelo apical. Estas sutiles pero determinantes diferencias morfológicas me permitieron confirmar que se trataba de una Kirinia eversmanni (o Esperarge eversmanni), un fascinante lepidóptero endémico de los sistemas montañosos de Asia Central. Un registro fantástico para documentar la rica y localizada biodiversidad del Tien Shan."

Ardilla terrestre relicta o ardilla terrestre del Tian Shan (Spermophilus relictus).

Durante nuestro recorrido por el Valle Chon Ak-Suu, también conocido como desfiladero de Grigoriev en Kirguistán, tuvimos la oportunidad de observar y fotografiar una ardilla terrestre relicta o ardilla terrestre del Tian Shan (Spermophilus relictus). La localizamos cuando ya nos encontrábamos en el vehículo en el que nos desplazábamos, cerca de una de sus guaridas. A pesar de nuestra presencia y del movimiento del vehículo, el animal permaneció inmóvil durante unos instantes, probablemente atento a nuestro comportamiento y preparado para refugiarse en caso de percibir una amenaza. Este breve encuentro permitió observar con cierta tranquilidad a esta especie característica de las zonas montañosas de Asia Central y captar un momento especialmente interesante de su comportamiento en su hábitat natural.

Trepador chino (Sitta villosa).

Tras visitar la impresionante Muralla China y dejarme hasta la última gota de aliento en aquellas endiabladas escaleras, llegó el momento de dedicarme a lo que realmente me motiva: pajarear. Cerca de las tiendas de recuerdos, entre los pinos, un pequeño trepador se movía incansable por los troncos y las ramas, explorando cada rincón en busca de alimento. No había duda: era un trepador chino (Sitta villosa).

China (1958); Guerra declarada al gorrión molinero.

En 1958, Mao Zedong y las autoridades chinas lanzaron la Campaña de las Cuatro Plagas: había que acabar con ratas, moscas, mosquitos y gorriones. Los gorriones fueron considerados enemigos de la agricultura porque comían semillas y cereales.

La campaña movilizó a millones de personas. Se destruían nidos, se mataban pollos de aves, se derribaban nidos y, sobre todo, se intentaba impedir que los gorriones pudieran posarse. La táctica más peculiar consistía en perseguirlos sin descanso: cuando intentaban aterrizar, las multitudes hacían ruido con ollas, tambores, palos y cualquier objeto disponible. Exhaustos, muchos terminaban cayendo muertos. 

La escala fue enorme. Las estimaciones históricas hablan de unos 2.000–2.100 millones de gorriones muertos en 1958, aunque la cifra exacta es imposible de establecer porque las estadísticas de aquella época son problemáticas. Un documento del Senado estadounidense de 1962 hablaba de unos 2.200 millones.

Así que, durante dos días, los participantes de la campaña rodearon la embajada y comenzaron a hacer un ruido ensordecedor con tambores y otros objetos para impedir que los gorriones pudieran posarse. La situación terminó con los polacos teniendo que retirar con palas los cadáveres de los gorriones que habían caído dentro del recinto. La anécdota aparece en fuentes históricas secundarias, aunque yo la presentaría como un episodio documentado por testimonios y no como si existiera un parte diplomático perfectamente conservado que permita verificar cada detalle. Es una escena casi surrealista: un pequeño recinto diplomático convertido en el último refugio de los gorriones de Pekín. 

El error estaba en considerar al gorrión únicamente como consumidor de grano. Los gorriones también comen enormes cantidades de insectos, especialmente durante la época de cría, cuando necesitan alimentar a sus polluelos. Al desaparecer los gorriones, las poblaciones de insectos y otros organismos capaces de dañar los cultivos encontraron un ecosistema con muchos menos depredadores.

La agricultura empezó a sufrir. La investigación publicada por Eyal Frank, Qinyun Wang, Shaoda Wang, Xuebin Wang y Yang You ha permitido cuantificar por primera vez parte de este efecto. Los condados que ofrecían mejores condiciones para los gorriones sufrieron, después de la campaña, una caída adicional de aproximadamente 5,3 % en el rendimiento del arroz y 8,7 % en el del trigo, consistente con el aumento de las plagas.

La eliminación de los gorriones no provocó por sí sola la Gran Hambruna china, pero agravó una crisis agrícola ya provocada por las políticas del Gran Salto Adelante y otros factores. Y aquí la investigación reciente resulta especialmente interesante: el estudio del NBER estima que la desaparición de los gorriones pudo explicar aproximadamente el 19,6 % de la reducción nacional de las cosechas durante la hambruna y calcula casi dos millones de muertes adicionales asociadas al exterminio de los gorriones y sus efectos sobre la producción y la distribución de alimentos. 

Según fuentes históricas recogidas por la investigación reciente, China importó alrededor de 250.000 gorriones de la Unión Soviética para intentar recuperar sus poblaciones. La cifra procede de fuentes secundarias y los propios investigadores señalan que es difícil encontrar una documentación formal que permita verificar completamente la operación, por lo que conviene expresarla como “según los informes disponibles”, no como una cifra absolutamente demostrada. Y el proceso de recuperación fue lento. El nuevo estudio encuentra que, una vez abandonado el exterminio, los rendimientos de arroz y trigo volvieron hacia sus niveles anteriores, llegando a recuperarse para 1965.

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****