martes, 28 de julio de 2026

Bigotudos (Panurus biarmicus) en Kirguistán.

El bigotudo (Panurus biarmicus) es una de esas aves que siempre llaman la atención, tanto por el inconfundible "bigote" negro de los machos como por su estrecha vinculación a los carrizales. Era una especie que ya conocía bien, pues la había observado en varias ocasiones en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, en Ciudad Real. Sin embargo, encontrarlo en la Reserva Ornitológica Ak Bolun, junto a las orillas del inmenso lago Issyk-Kul, en Kirguistán, fue una sorpresa tan inesperada como agradable. 

La observación resultó aún más curiosa porque el grupo estaba formado únicamente por ejemplares juveniles. Los bigotudos suelen desplazarse en pequeños grupos familiares, por lo que la ausencia de adultos me llamó especialmente la atención. Es posible que permanecieran ocultos entre el denso carrizo o que se hubieran separado momentáneamente de los jóvenes, pero durante todo el tiempo que pude seguir al grupo no llegué a ver ninguno. 

Aconitum sp en Kirguistán.

Entre las praderas del Parque Nacional Ala Archa encontramos este llamativo Aconitum sp., un género característico de las regiones templadas y alpinas del hemisferio norte. Sus flores violáceas, dispuestas en racimos y coronadas por el inconfundible sépalo superior en forma de casco, permiten identificarlo con bastante seguridad como Aconitum. Por su distribución en el Tian Shan y su morfología, podría corresponder a Aconitum leucostomum, aunque esta identificación debe considerarse provisional. Como todos los representantes del género, se trata de una planta de extraordinaria belleza, pero también una de las más tóxicas de la flora euroasiática, debido a la presencia de alcaloides como la aconitina.

Neptis rivularis en Kirguistán.


Neptis rivularis, o "velera húngara", es una elegante mariposa de la familia Nymphalidae que destaca por el marcado contraste entre el negro aterciopelado de sus alas y las bandas de manchas blancas que las atraviesan. Habita bosques claros, praderas y valles montanos de Europa oriental y Asia central, donde vuela durante los meses estivales. El ejemplar fotografiado descansaba sobre una roca soleada en el valle de Chon Ak-Suu (desfiladero de Grigoriev), en las montañas del Tian Shan, un entorno de gran riqueza biológica que constituye un refugio para numerosas especies de lepidópteros adaptadas a la media y alta montaña. 

Un pequeño cementerio abandonado en Kirguistán.

A las seis de la mañana el sol ya caía con fuerza sobre la estepa de Kirguistán. El canto de las aves anunciaba un día que despertaba deprisa, así que decidí salir a pajarear por los páramos que rodeaban nuestro alojamiento, cerca de la localidad de Bokonbayevo y del inmenso lago Issyk-Kul. A un lado se alzaban las cumbres todavía nevadas de la cordillera Terskey Alatau, las «montañas sombrías» o montañas que dan la espalda al sol; al otro, una sucesión de lomas desnudas y erosionadas se desdibujaba en el horizonte. Solo por contemplar aquel paisaje sentí que ya había merecido la pena emprender la caminata.

Fue entonces cuando un pequeño cementerio rural, aparentemente abandonado, atrajo mis pasos. Era un lugar de contrastes: un camposanto musulmán donde la simbología soviética convivía con frescos que representaban escenas de caza, cetrería, ciervos y águilas, como si la memoria de los difuntos quisiera permanecer ligada a la vida que habían conocido. Entre los enterramientos, algunos gorriones molineros, gorriones chillones, collalbas isabelinas y alondras comunes encontraban refugio y tranquilidad. Mientras los observaba, tuve la sensación de que aquel rincón perdido, más que un lugar de ausencia, era un discreto punto de encuentro entre la historia, el paisaje y la vida que seguía abriéndose paso cada mañana.

lunes, 27 de julio de 2026

Libélula de cuatro puntos (Libellula quadrimaculata).

En un viaje ornitológico siempre hay momentos para levantar la vista del telescopio y descubrir que la naturaleza ofrece mucho más que aves. Las orquídeas silvestres, los lepidópteros, los odonatos, los reptiles o los anfibios terminan reclamando también su espacio ante la cámara; en definitiva, todo aquello que se cruza en el camino merece una mirada. Así ocurrió en la desembocadura del río Barskoon, en el lago Issyk-Kul (Kirguistán), donde a finales de julio un macho de Libellula quadrimaculata, la libélula de cuatro manchas, permanecía posado sobre un tallo seco vigilando su pequeño territorio. Esta especie, de amplia distribución eurosiberiana, encuentra en los humedales y orillas lacustres de Asia Central un hábitat idóneo durante el verano, cuando los adultos patrullan incansablemente las aguas en plena actividad reproductora. Fue uno de esos encuentros inesperados que recuerdan que, en cualquier salida de campo, la biodiversidad siempre ofrece oportunidades más allá del objetivo principal del viaje.

El colirrojo de Eversmann (Phoenicurus erythronotus).

El colirrojo de Eversmann (Phoenicurus erythronotus) fue una de las grandes sorpresas de nuestro viaje ornitológico por Kirguistán. Tuve la fortuna de fotografiar una pareja cerca del lago Song Kol, en la provincia de Naryn, a más de 3.000 metros de altitud. Fue un momento especialmente emocionante, ya que ambos adultos iban y venían sin descanso con pequeños insectos en el pico para alimentar a sus pollos, mostrando el incansable esfuerzo que requiere sacar adelante una nidada en un entorno de alta montaña. Contemplar y fotografiar esta escena, en un paisaje tan espectacular y remoto, fue sin duda un momento de gran emoción. 

Orquídea Dactylorhiza umbrosa en Kirguistán.

Además de la Epipactis sp. a la que dediqué una entrada hace unos días, en el cañón de Barskoon (Kirguistán), muy cerca del campamento de yurtas donde pasamos la noche, tuve la fortuna de fotografiar esta preciosa Dactylorhiza umbrosa. Esta orquídea silvestre, característica de praderas y márgenes de arroyos de montaña en Asia Central, destaca por sus densas espigas de flores violáceas y el delicado dibujo púrpura que adorna su labelo, un auténtico reclamo para los insectos polinizadores. Encontrarla en plena floración fue, sin duda, otro de esos pequeños regalos que nos deparó nuestro viaje ornitológico por Kirguistán, recordándonos que, más allá de las aves, la flora de las montañas del Tian Shan también atesora auténticas joyas botánicas.

Herrerillo azul o cinéreo (Yanistes cyanus yenissensis).

El herrerillo azul o cinéreo (Yanistes cyanus yenissensis) fue, sin duda, una de las aves más buscadas durante este reciente viaje ornitológico por Kirguistán. La fortuna quiso que lo encontráramos en el valle de Chon Ak-Suu, también conocido como desfiladero de Grigoriev, en la provincia de Ysyk-Kol. Una pareja había instalado su nido en el agujero de una construcción abandonada y, completamente ajena a nuestra presencia, entraba y salía sin descanso llevando alimento a sus polluelos. Aquella escena, repetida una y otra vez con la entrega incansable propia de la época de cría, nos permitió observar y fotografiar a esta elegante subespecie en un momento de absoluta naturalidad, convirtiendo el encuentro en uno de los recuerdos más especiales del viaje.

domingo, 26 de julio de 2026

Orquídea Epipactis sp. en Kirguistán.

La provincia de Naryn nos recibió con uno de los paisajes más extremos del viaje. Tras recorrer las llanuras áridas y los cerros desnudos que preceden al ascenso hacia el lago Song-Köl por el puerto de Ashuu, a casi 3.400 metros de altitud, el ambiente cambió de forma radical. El sofocante calor de las zonas bajas dio paso al frío, al viento y a una lluvia persistente que envolvía las montañas. Fue en ese entorno de transición, donde la vida parece abrirse paso con dificultad, donde apareció esta discreta Epipactis sp., creciendo junto a un pequeño curso de agua y aportando una inesperada nota de delicadeza al paisaje.

Las orquídeas silvestres no figuraban entre los objetivos de nuestro viaje ornitológico por Kirguistán, pero resulta imposible resistirse a fotografiarlas cuando el azar las pone en el camino. Cada encuentro con una orquídea es un pequeño regalo, y esta Epipactis fue uno de esos hallazgos que compensan cualquier parada imprevista. Aunque su identidad específica permanece incierta, la elegancia de sus pequeñas flores verdosas y el privilegio de encontrarla en un rincón tan remoto de las montañas kirguisas hicieron que la cámara cambiara, por unos minutos, las aves por la botánica.

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****