Desde primera hora, una fina lluvia nos acompañó
durante nuestra ruta de pajareo por las impresionantes montañas de Tash
Rabat, en Kirguistán. Entre la humedad y los paisajes de altura, los
Bisbitas alpinos (Anthus spinoletta) no tardaron en llamar mi
atención. Es una especie que suelo encontrar en invierno en las lagunas de La
Mancha, pero observarlos ahora, en plena época de cría y luciendo el
plumaje nupcial, me permitió descubrirlos con un aspecto bastante diferente:
tonos más claros, delicados matices y esos sutiles toques canela que realzan su
librea. Sin embargo, los bisbitas se mostraban especialmente inquietos ante mi
presencia. Algunos incluso llevaban insectos en el pico, una señal inequívoca
de que estaban ocupados alimentando a sus pollos y de que, sin pretenderlo, mi
presencia estaba interfiriendo en sus labores de cría. Una vez más, la
observación de aves me recordó que disfrutar de ellas también implica saber
cuándo mantener la distancia y dejar que continúen con lo verdaderamente
importante.
Mostrando entradas con la etiqueta Bisbita Alpino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bisbita Alpino. Mostrar todas las entradas
martes, 8 de septiembre de 2026
Bisbita alpino (Anthus spinoletta) en las montañas de Tash Rabat (Kirguistán).
viernes, 25 de noviembre de 2011
El Bisbita Alpino, Anthus spinoletta.
El frío empieza a sentirse en el centro peninsular. En unos días empezaremos a bajar de los cero grados y las mañanas comenzarán a cubrirse de escarcha. – Las aves vienen huyendo de las bajas temperaturas, ya instaladas en las zonas de mayor altitud de nuestro país. - El Bisbita Alpino, Anthus spinoletta, se deja ver ahora con mayor facilidad. Lo encontraremos asociado con frecuencia a zonas encharcadas donde suele husmear a la búsqueda del cada vez más escaso alimento.
sábado, 9 de enero de 2010
El milagro de San Antonio, o algo así....
Según cuenta una vieja coplilla, propia de la tradición religiosa y del folclore de estas tierras: San Antonio de Padua, siendo todavía un niño ordenó que las aves que se alimentaban en su huerto, se introdujeran dentro de un cuarto y así cumplir con lo que su padre le había mandado: Cuidar que los pájaros no acabaran con las cosechas que serían a la postre, el alimento de su familia para todo el año.
Al llegar su señor padre a casa, de pasar el cartón del paro y tomar un chato de vino blanco de Valdepeñas en el bar del pueblo, encontró que el pequeño Antoñito no se hallaba en el huerto, cumpliendo con sus requerimientos, por lo que riñó de inmediato al niño por desobediente y desatento.
Enfadado como estaba su señor padre y muy decidido, esta vez sí castigaría a su hijo de manera inflexible, dejándolo sin gameboy, ni móvil, ni ordenador, ni videojuegos. Llamó al niño Antoñito y le pidió explicaciones, antes de tomar medidas tan severas y a todas luces injustas...
El pequeño Antonio, que había aprobado todo, hasta francés (con lo difícil que es). Contó con pelos y señales lo que había hecho: Que decidió ordenar a todas las aves del huerto que se introdujeran en un cuarto. Y así, estar completamente seguro de cumplir con su tarea. Ningún pajarillo, comería pues, ni una sola de las frutas, ni uno solo de los cereales transgénicos, que con tanto trabajo habían plantado y que ahora, por cierto, regaban por goteo, con agua procedente de un pozo ilegal.
El Padre llamó de inmediato a TVE1 para poder salir en el programa de la tarde: “España Directo”. Pero quedó completamente desilusionado, dado que para ese día no quedaba ni un solo hueco y además retransmitían por cuarta vez, el programa navideño de José Mota...
Allí seguían todos los pájaros, dentro de aquella habitación. Entonces, el niño dijo a su padre: “¡Jooo paaa tengo que soltar a todos estos plumíferos, que tengo partido a las ocho y luego he quedao con el Jonathan y el Borja p´hacer unos graffitis en las paredes del instiii!”. El niño se puso en la puerta y cientos de aves, grandes y pequeñas salieron de la habitación y no volvieron nunca más a comer nada de aquel huerto. Que hoy, por cierto, es una urbanización muy mona, con campo de golf y de tenis.
El niño Antoñito, muy satisfecho por haber cumplido con su tarea, se piró con los amigos. El señor padre quedó contento, pues su cosecha, aunque luego se la pagarían por debajo de los gastos de producción, seguía intacta. Pero, como en todas las historias, siempre hay alguien que lo pasa mal: La mamá del niño santo estaba que se subía por las paredes, pues los pájaros habían dejado el cuarto lleno de cacas, plumas y un huevo…
Y colorín colorado este cuento (o milagro, o lo que sea) se ha acabado. Pido disculpas si alguien se siente molesto porque la vieja leyenda del milagro de San Antonio de Padua ha llegado hasta este blog “un tanto adulterada”. ¡Yo no tengo la culpa! A mí me la contaron así…
Aquí están algunas de las aves del milagro de San Antonio, que estos días van de un lado a otro huyendo de los temporales de nieve y frío. Pobres...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)