En las cumbres de Tash Rabat, no lejos de
los mosquiteros del Pamir, los bisbitas alpinos y algunas
alondras cornudas, apareció encaramado sobre el matorral un llamativo macho de ruiseñor
pechinegro, también conocido como petirrojo de los Himalayas (Calliope
pectoralis). Su presencia fue difícil de pasar por alto: la inconfundible
mancha roja de la garganta, contrastando con el oscuro plumaje del pecho, pese
a la lluvia fina que caía, destacaba entre la vegetación y delataba a este
precioso habitante de las montañas de Asia Central.
El ejemplar, perteneciente a la subespecie ballioni,
permaneció unos instantes bien visible, ofreciéndome una magnífica oportunidad
para disfrutar de sus característicos colores y de su elegante porte. Un
encuentro especialmente atractivo durante nuestra estancia en Kirguistán,
donde la avifauna de los paisajes de alta montaña depara sorpresas a cada paso.
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