En una pared rocosa próxima al camino principal, en Tash Rabat (Kirguistán), nos detuvimos a inspeccionar los acantilados en busca del treparriscos (Tichodroma muraria), una especie que recientemente se me había resistido en mi salida por los Picos de Europa. Aquí, sin embargo, no se hizo mucho de rogar: al poco tiempo apareció una pareja, desplazándose con su característico vuelo mariposeante de un lado a otro de la pared y dejándonos disfrutar de la observación de esta singular ave, perfectamente adaptada a la vida vertical de los grandes paredones rocosos.