Nuestra visita a Biskek fue apenas un
paréntesis de unas horas antes de tomar rumbo al aeropuerto. El tiempo justo
para recorrer parte de su centro histórico, asomarnos a sus calles y plazas y,
cómo no, hacer las últimas compras de recuerdos para llevar a casa. Biskek
transmite la sensación de ser un proyecto en ciernes, como si la ciudad —y
quizá todo Kirguistán— estuviera buscando todavía la forma de construir
su futuro. Por todas partes hay obras, grandes proyectos y, sobre todo,
inmensos rascacielos que parecen querer dibujar un horizonte nuevo, alejándose
poco a poco de la profunda huella del pasado soviético que aún permanece en sus
avenidas y edificios. En
sus calles también se hace visible la diversidad de un país situado en el
corazón de Asia Central, donde se encuentran y conviven diferentes pueblos y
culturas: kirguises y otros pueblos túrquicos, comunidades de origen mongol,
rusos, chinos… Una mezcla que convierte a Biskek en un reflejo, todavía
inacabado, de ese país que mira hacia adelante sin dejar de llevar consigo las
huellas de su pasado.
domingo, 30 de agosto de 2026
Biskek (Kirguistán).
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