En 1958, Mao Zedong y las autoridades chinas
lanzaron la Campaña de las Cuatro Plagas: había que acabar con ratas,
moscas, mosquitos y gorriones. Los gorriones fueron considerados enemigos
de la agricultura porque comían semillas y cereales.
La campaña movilizó a millones de personas. Se destruían nidos, se mataban pollos de aves, se derribaban nidos y, sobre todo, se intentaba impedir que los gorriones pudieran posarse. La táctica más peculiar consistía en perseguirlos sin descanso: cuando intentaban aterrizar, las multitudes hacían ruido con ollas, tambores, palos y cualquier objeto disponible. Exhaustos, muchos terminaban cayendo muertos.
La escala fue enorme. Las estimaciones históricas
hablan de unos 2.000–2.100 millones de gorriones muertos en 1958, aunque la
cifra exacta es imposible de establecer porque las estadísticas de aquella
época son problemáticas. Un documento del Senado estadounidense de 1962 hablaba
de unos 2.200 millones.
Así que, durante dos días, los participantes de la campaña rodearon la embajada y comenzaron a hacer un ruido ensordecedor con tambores y otros objetos para impedir que los gorriones pudieran posarse. La situación terminó con los polacos teniendo que retirar con palas los cadáveres de los gorriones que habían caído dentro del recinto. La anécdota aparece en fuentes históricas secundarias, aunque yo la presentaría como un episodio documentado por testimonios y no como si existiera un parte diplomático perfectamente conservado que permita verificar cada detalle. Es una escena casi surrealista: un pequeño recinto diplomático convertido en el último refugio de los gorriones de Pekín.
El error estaba en considerar al gorrión
únicamente como consumidor de grano. Los gorriones también comen enormes
cantidades de insectos, especialmente durante la época de cría, cuando
necesitan alimentar a sus polluelos. Al desaparecer los gorriones, las
poblaciones de insectos y otros organismos capaces de dañar los cultivos encontraron
un ecosistema con muchos menos depredadores.
La agricultura empezó a sufrir. La investigación
publicada por Eyal Frank, Qinyun Wang, Shaoda Wang, Xuebin Wang y Yang You ha
permitido cuantificar por primera vez parte de este efecto. Los condados que
ofrecían mejores condiciones para los gorriones sufrieron, después de la
campaña, una caída adicional de aproximadamente 5,3 % en el rendimiento del
arroz y 8,7 % en el del trigo, consistente con el aumento de las plagas.
La eliminación de los gorriones no provocó por sí sola la Gran Hambruna china, pero agravó una crisis agrícola ya provocada por las políticas del Gran Salto Adelante y otros factores. Y aquí la investigación reciente resulta especialmente interesante: el estudio del NBER estima que la desaparición de los gorriones pudo explicar aproximadamente el 19,6 % de la reducción nacional de las cosechas durante la hambruna y calcula casi dos millones de muertes adicionales asociadas al exterminio de los gorriones y sus efectos sobre la producción y la distribución de alimentos.
Según fuentes históricas recogidas por la
investigación reciente, China importó alrededor de 250.000 gorriones de
la Unión Soviética para intentar recuperar sus poblaciones. La cifra
procede de fuentes secundarias y los propios investigadores señalan que es
difícil encontrar una documentación formal que permita verificar completamente
la operación, por lo que conviene expresarla como “según los informes
disponibles”, no como una cifra absolutamente demostrada. Y el proceso de
recuperación fue lento. El nuevo estudio encuentra que, una vez abandonado el
exterminio, los rendimientos de arroz y trigo volvieron hacia sus niveles
anteriores, llegando a recuperarse para 1965.
No hay comentarios:
Publicar un comentario