sábado, 12 de septiembre de 2026

Un día en Pekín (China); a nuestro aire.

La mañana amaneció gris y lluviosa, pero teníamos claro que no queríamos seguir el itinerario marcado por la mayorista de viajes. Queríamos descubrir Pekín por nuestra cuenta, mezclarnos con su gente, probar su gastronomía y sentir el pulso de una ciudad que no se entiende únicamente desde sus grandes monumentos. Nos lanzamos así a recorrer sus calles y a experimentar el atestado metro en hora punta, toda una aventura en sí misma. Caminamos sin prisa por varios hutongs, las antiguas callejuelas que conservan buena parte del alma tradicional de la ciudad, y rodeamos el Parque Beihai, disfrutando del animado ambiente de su lago, salpicado de restaurantes y rincones llenos de vida.

Casi por casualidad, en nuestro deambular, descubrimos el Templo de Confucio y las famosas Torres de la Campana y del Tambor, lugares que aparecen de repente y convierten un paseo sin rumbo en un gran hallazgo. Fue precisamente esa libertad de caminar sin prisas ni horarios la que nos permitió disfrutar de un Pekín diferente, más cercano y auténtico. Y, como broche final a la jornada, llegó uno de los grandes placeres del viaje: un delicioso pato pequinés, perfecto para recuperar fuerzas y celebrar que habíamos elegido descubrir la ciudad a nuestro aire.

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**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****