En el conocido como Arroyo del Látigo de Oro - Golden Whip Stream, dentro del Parque Nacional de Zhangjiajie, la presencia de los macacos rhesus (Macaca mulatta) me produjo una sensación difícil de conciliar con la idea de un espacio natural protegido. Los animales eran alimentados tanto por los propios guardas como por los turistas, que se acercaban constantemente, y a corta distancia, para fotografiarlos. En algunos momentos, una verdadera multitud rodeaba a un solo macaco, convirtiéndolo en una atracción más dentro del recorrido turístico. La interacción entre visitantes y animales parecía completamente normalizada, hasta el punto de que los monos habían aprendido a permanecer cerca de las personas y a esperar comida. Más que observar fauna silvestre en su entorno, la impresión era la de asistir a un espectáculo en el que los animales constituían uno de los principales reclamos para el visitante.
La situación resultaba todavía más contradictoria
al observar el río, un elemento natural que, en un espacio de estas
características, debería encontrarse especialmente protegido. Decenas de
personas se refrescaban en sus aguas, mientras el entorno recibía diariamente
una enorme presión turística. Todo parecía responder, en buena medida, a una
lógica de explotación económica del paisaje: vender entradas, atraer
visitantes y generar ingresos. La experiencia me hizo reflexionar sobre las
diferencias entre esta concepción del turismo de naturaleza y la idea de
conservación ambiental con la que estoy más familiarizado en Europa, donde —al menos
en principio— se busca limitar la alteración de los ecosistemas y reducir la
interacción directa con la fauna. Salí de Golden Whip Stream con
sentimientos encontrados: profundamente impresionado por la espectacularidad
del paisaje, pero también con una sensación agridulce al comprobar que la
belleza natural del lugar parecía estar, en cierta medida, subordinada a su capacidad
para generar ingresos.
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