Tras visitar la impresionante Muralla China y dejarme hasta la última gota de aliento en aquellas endiabladas escaleras, llegó el momento de dedicarme a lo que realmente me motiva: pajarear. Cerca de las tiendas de recuerdos, entre los pinos, un pequeño trepador se movía incansable por los troncos y las ramas, explorando cada rincón en busca de alimento. No había duda: era un trepador chino (Sitta villosa).
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