Nuestra primera visita tras llegar a China no podía tener un escenario más impresionante: la Gran Muralla China. Partimos desde Pekín y decidí recorrer únicamente un tramo, precisamente uno de los que discurren en pendiente… y casi me dejo el aliento en el intento. El ascenso me pareció realmente duro, así que no puedo evitar pensar que los soldados que antiguamente vigilaban y defendían estas murallas debían de tener una condición física bastante mejor que la mía.
Pero el esfuerzo mereció absolutamente la pena. El
paisaje es sobrecogedor, con la muralla serpenteando entre las montañas, bajo
un calor sofocante que hizo todavía más exigente el recorrido. Declarada Patrimonio
Mundial por la UNESCO, la Gran Muralla ha sido, para mí, uno de los
grandes platos fuertes de este viaje: un lugar que impresiona tanto por su
historia como por la inmensidad del paisaje que lo rodea.
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