El estornino rosado (Pastor roseus)
era una de las especies que más ilusión me hacía observar en mi viaje ornitológico
por Kirguistán, y la espera fue sorprendentemente corta. El mismo primer
día, en las inmediaciones del Parque Nacional Ala Archa, comenzaron a
aparecer varios ejemplares que no dejaban de sobrevolar la zona de un lado a
otro, ofreciendo un espectáculo continuo.
Pronto
descubrí el motivo de aquella incesante actividad: habían elegido las rendijas
de las viviendas cercanas para instalar sus nidos. Los adultos llegaban una y
otra vez con el pico repleto de grillos de matorral para alimentar a sus
pollos, protagonizando un ir y venir constante que me permitió disfrutar de
cerca de una de las aves más elegantes y llamativas de las estepas
euroasiáticas.