Este pasado verano, en Kirguistán, nos
encontramos con las grajas (Corvus frugilegus) casi por
todas partes. A veces eran apenas unos pocos; otras, decenas de individuos se
concentraban alrededor de vertederos y basureros urbanos, mientras que en otras
ocasiones aparecían, inesperadamente, sobre las inmensas planicies de alta
montaña. Su presencia, tan constante como versátil, parecía acompañar cada
paisaje del viaje. Y aunque por aquellas tierras el cielo no siempre amenazaba
lluvia, no pude evitar acordarme de aquello de que «cuando el grajo vuela bajo,
hace un frío del carajo» … Solo que, en las alturas de Kirguistán, más de una
vez habría que cambiar el refrán por algo bastante más extremo.
sábado, 12 de septiembre de 2026
Cuando el grajo vuela bajo...
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