La collalba pía (Oenanthe pleschanka) fue la tercera especie de collalba que pude observar durante mi viaje ornitológico por Kirguistán, además de la collalba gris y la collalba isabel. Su presencia resultó especialmente frecuente en terrenos arenosos, paisajes de badlands y antiguas canteras, donde los taludes desnudos y las paredes terrosas ofrecen lugares adecuados para establecer sus territorios de cría. El llamativo contraste entre el blanco y el negro del macho adulto, visible incluso a cierta distancia, la convierte en una de las collalbas más elegantes y fáciles de identificar.
Como ocurre con el resto de las collalbas, el mes
de julio es una época de intensa actividad. Los adultos dedican la mayor parte
de la jornada a capturar pequeños insectos con los que alimentar a una pollada
que aún depende de ellos. Era frecuente observarlos con el pico repleto de
presas antes de desaparecer entre las grietas de un talud o de una antigua
cantera, donde aguardaban los jóvenes. Estas continuas idas y venidas reflejan
el enorme esfuerzo que supone sacar adelante la reproducción en un entorno tan
abierto y aparentemente inhóspito como las estepas y zonas áridas de Kirguistán.
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