El lago Issyk-Kul fue uno de los grandes protagonistas de nuestro viaje ornitológico por Kirguistán. A lo largo de varios días conseguimos bordear prácticamente por completo este enorme lago salino, descubriendo un paisaje sorprendentemente cambiante en cada una de sus orillas. Campiñas de cultivo, pequeñas ciudades y marjales, ofreciendo ambientes muy diferentes para la observación de aves. El lago parecía transformarse continuamente, y con él también la sensación de estar recorriendo un mismo lugar que, en realidad, nunca terminaba de ser igual.
Pero Issyk-Kul es también un territorio
sometido a una creciente presión turística. Nuevos resorts aparecen a un ritmo
vertiginoso, como champiñones después de la lluvia, junto a segundas
residencias y una afluencia cada vez mayor de visitantes. El contraste resulta
especialmente evidente cuando, tras atravesar alguna de estas zonas en plena
transformación, volvemos a encontrarnos con la inmensidad del lago y el paisaje
que lo rodea. Y siempre, como telón de fondo, las impresionantes montañas
nevadas del Tian Shan, que acompañan el recorrido prácticamente en todo
momento y recuerdan la extraordinaria escala de este paisaje centroasiático.