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martes, 21 de abril de 2020

Oporto (Portugal).


 Desde el 2.009 no dedicaba ninguna entrada a Portugal, un país cercano y a la vez con tantas cosas por ofrecer. No son pocas las ocasiones en las que he tenido la suerte de visitarlo desde entonces, pero entre los parones que doy a mi pobre blog, que si patatín, que si patatán, pues que estamos en el 2.020, si mis cálculos no me fallan, (que con esto del coronavirus, ya no sé cuánto tiempo llevo encerrado) ya han pasado once años desde la entrada que dediqué al río Douro (Duero) y a las tierras que cruza. - A ver si este dichoso confinamiento no nos impide, este pequeño gran placer que es viajar, y no solo con la imaginación, como diría mi amiga Benita… 
 En 2018, pateé de arriba abajo las calles de Oporto, con ese aire decadente, que tienen algunas ciudades europeas, y a la vez tan atractivo, y auténtico. - Oporto es famosa por sus edificios recubiertos de mosaicos azules, su riqueza arquitectónica, difícil de conservar por la cantidad y calidad que atesora, no en vano, el centro histórico de la ciudad fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. En definitiva, una ciudad, para volver y beberse unos vinos (¡claro!)… 

lunes, 8 de julio de 2013

Árbol Singular; El Álamo Negro de Soto Playa en Soria.


Justo a orillas del Duero, en el bello paraje conocido como Soto Playa, encontramos un gran álamo o chopo negro, Populus nigra, catalogado como árbol singular, ya que se considera uno de los de mayor altura de la provincia de Soria. Se le supone una edad de 150 años y según parece se encuentra en buen estado de conservación.


viernes, 23 de octubre de 2009

El “Alto Douro” (Portugal). Espera, saudade y Oporto.





Sobre las peladas colinas de pizarra negra, unos cuantos ancianos toman los últimos rayos de sol de un rojizo atardecer otoñal. Permanecen allí largo rato, en silencio. Una enlutada octogenaria pasa delante de ellos con unos cuantos leños secos para la lumbre del día siguiente. Lejos quedaron los tiempos en los que en estos pueblos fronterizos bullía la vida. Ahora, las ennegrecidas piedras de los antiguos castillos y con ellas su historia, se desparraman por la ladera. Mientras, los ancianos, los únicos habitantes del lugar, se sientan cada tarde al calor del sol y esperan allí, sin decir nada…





Hasta el Duero se desliza callado, silencioso entre los viñedos que han dado fama y renombre a esta preciosa región portuguesa. La pámpana luce enrojecida ya en el mes de octubre, resaltando sobre la tierra desnuda. Aquí y allá tabernas de otro tiempo donde se bebe el vino del lugar, y se habla sólo de todos aquellos que se fueron lejos, buscando quizá, una vida diferente.

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****