En las montañas de Tah Rabat (Kirguistán), durante las primeras horas de la mañana, era habitual localizar al colirrojo de Güldenstädt y al colirrojo de Eversmann. Tampoco faltaban los juveniles de colirrojo tizón oriental (Phoenicurus ochruros), que recorrían incansablemente los alrededores de los establos del campo de yurtas en busca de pequeños insectos y otros invertebrados. Esta especie, ampliamente distribuida por Eurasia, se adapta con facilidad a ambientes abiertos y humanizados, donde aprovecha construcciones y muros como posaderos desde los que vigila el suelo antes de lanzarse sobre sus presas. La presencia de numerosos jóvenes indicaba que la reproducción había sido exitosa en la zona y aportaba una animada actividad a los alrededores del campamento.
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