La carraca europea (Coracias garrulus) fue
una de las primeras aves que nos dio la bienvenida a Kirguistán. Apenas
habíamos tomado tierra en el aeropuerto internacional de Biskek cuando los
primeros ejemplares hicieron acto de presencia, inaugurando así una lista de
observaciones que no dejaría de crecer. A partir de ese momento, la especie
estuvo presente en prácticamente todos nuestros conteos diarios, convirtiéndose
en una compañera habitual del viaje. Su inconfundible plumaje azul y turquesa
alegró muchas jornadas de campo por el país centroasiático.
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