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sábado, 29 de septiembre de 2012

Aviones Comunes; Partir o quedarse.

 
 A veces hay algo peor que partir, y es quedarse cuando uno ya se debiera haber ido…

 
Suele decirse y además es verdad, que nunca llueve a gusto de todos. Si para los anfibios estas lluvias de finales de septiembre, pese a los muchos atropellamientos, han sido como un milagro, los Aviones Comunes, Delichon urbicum, han sufrido la suerte contraria, y ahora cuentan con muchas bajas tras dos días ininterrumpidos de aguacero en los que les ha sido imposible alimentarse. 

Al principio he pensado que estos Aviones Comunes muertos eran polluelos tardíos a los que sus padres habrían abandonado. - Mi sorpresa ha sido mayúscula al ver que toda la calle estaba llena de centenares de pequeños cuerpecillos arrollados por el agua. Otros tantos, medio moribundos, se resguardaban en las esquinas esperando un más que improbable golpe de suerte que les permitiera alzar el vuelo.


Aún se pueden ver muchos miembros de la familia Hirundinidae, formada por Golondrinas y Aviones, rondar por ciudades y campos. – El grueso del grupo de estos que quedan, se ha concentrado por miles en determinadas zonas lacustres y pantanosas donde aún es posible encontrar alimento. Se pueden ver además de Aviones Comunes; Zapadores, Golondrinas Dáuricas y Golondrinas Comunes. - La mayoría son juveniles de este año, y esperemos que para la mayor parte de los que aún siguen por aquí, aún no sea demasiado tarde para continuar el gran viaje migratorio. 

martes, 11 de mayo de 2010

El Avión Común y el Nido de Barro.

Hace algunos pocos años, aunque muchos lo hayan ya olvidado, vivimos una de las más largas sequías de las que se tenía constancia. Lo recuerdo bien porque en aquella primavera prácticamente no llovió ni una gota y los Aviones Comunes (Delichon urbica) que cada temporada realizan sus nidos en el barrio, aquel año no encontraron barro suficiente y no criaron.
Seguro que aquella situación pasó inadvertida para la gran mayoría de mis convecinos y puede que aquellos que sí se percataron de las penurias de los avioncillos, lo vivieran con cierta alegría, dado que la ausencia de nidos conllevaba menos suciedad en las aceras. Bueno, esto último son sólo suposiciones mías, aunque con cierto fundamento...
Lo cierto es que para mí ver de un lado a otro a los pequeños avioncillos me producía cierta tristeza. Una temporada de cría perdida conllevaba una disminución bastante drástica en el número de individuos máxime cuando la falta de agua también había reducido considerablemente el número de insectos de los que se alimentan las distintas golondrinas.
Afortunadamente esto es sólo un recuerdo, y este año pese a quien pese los Avioncillos Comunes vuelven a llenar la plazuela del barrio de vuelos y alegría para mi disfrute egoísta y para desdicha de la señora de la limpieza de la sucursal bancaria donde se apelotonan los nidos...

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****