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jueves, 11 de octubre de 2012

La Sierra de Albarracín (Teruel).

 
 Como suele suceder con buena parte  del interior peninsular, la Sierra de Albarracín en Teruel sigue siendo una gran desconocida. La Sierra, no es solo el núcleo principal, Albarracín, sino un conjunto de pequeños pueblos y un marco natural perfectamente conservado. 

  Entre las localidades que uno no debiera perderse; Moscardón, un pueblo al borde de la cornisa, Villar del Cobo, un lugar entre montañas donde parece haberse parado el tiempo, Griegos, uno de los pueblos de mayor altitud de España, con pistas de esquí de fondo y declarado como el pueblo más frío del país, Orihuela del Tremedal, conocida por sus zonas de turbera (tremedales) y sus ríos de piedra, Bezas  con el Paisaje Protegido del Rodeno y sus numerosas pinturas rupestres,  o Gea de Albarracín famosa por su acueducto romano. 

 
 Además, la Sierra de Albarracín, es el lugar de nacimiento de algunos de los ríos más importantes de España. Sorprende el monumento al Tajo en medio de montañas. También el Guadalaviar que a partir de la ciudad de Teruel pasa a denominarse Turia, y por último, el Cabriel, que es uno de los principales afluentes del Júcar. 

 

No podíamos dejar atrás, la flora y la fauna del lugar. Más de 1200 especies de lepidópteros, algunos de ellos endémicos. Multitud de aves, orquídeas silvestres o setas hacen de la Sierra de Albarracín un lugar para volver.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

Albarracín (Teruel).

 
No es raro que Albarracín (Teruel) aparezca en todas las quinielas y listados de los pueblos más bellos de España. Albarracín como pocos pueblos de nuestro país ha sabido proteger y conservar, pese al paso de los siglos, su rico patrimonio cultural y paisajístico.

 
Albarracín se adapta como un guante a la áspera montaña que rodea el río Guadalaviar. - Verdes laderas entre cursos de agua llenos de vida pese a los meses de sequía, contrastan con los ocres y rojizos de las abruptas montañas y del yeso de las construcciones.


Entre sus calles angostas y empinadas, de inevitable aire medieval, Albarracín permanece fresco, silencioso y enigmático en las pocas semanas que aquí hay de verdadero verano. Sus habitantes han sabido aprovechar lo mucho que pueden ofrecer, naturaleza virgen, gastronomía y tranquilidad. Tras cada esquina encontraremos hoteles, restaurantes y lugares con encanto, y es que en buena medida, el turismo representa el motor económico de los albarracinenses.

 
Aprovechando nuestros días de descanso en esta singular localidad, es bastante aconsejable perderse entre las sierras cercanas, y visitar los pequeños pueblos e ir descubriendo los paisajes que se esconden entre desfiladeros, gargantas y cumbres. La fauna y la flora de este entorno bien lo merecen.


**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****