El pequeño petirrojo (Erithacus rubecula) es un ave de aspecto delicado y comportamiento curioso, fácilmente reconocible por su pecho rojizo que contrasta con el tono pardo de su plumaje. Suele habitar jardines, bosques y parques, donde se mueve con agilidad entre ramas y suelos en busca de insectos y semillas. A pesar de su tamaño reducido, destaca por su canto melodioso y claro, especialmente al amanecer, lo que lo convierte en un símbolo de vitalidad y cercanía con la naturaleza.
En la duna de Pilat, en la Región de Nueva Aquitania (Francia), fotografié este petirrojo, en la misma rama donde segundos antes se había posado un carbonero.
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