Los edelweiss (Leontopodium s.p.), conocidas también como flor de nieve asiática, eran este pasado mes de julio, una de las plantas más llamativas de los prados de montaña de Kirguistán. En las inmediaciones del lago Song Kul y en los prados alpinos del Tian Shan, sus pequeñas inflorescencias cubiertas de una característica vellosidad blanca destacaban entre los pastos, formando auténticos tapices en algunos lugares. Su aspecto delicado contrasta con la dureza del ambiente en el que crecen, sometidas a bajas temperaturas, fuertes vientos y una temporada de crecimiento muy corta.
Encontrarlas en plena floración aportaba una nota
de luz a aquellos enormes paisajes de montaña, donde el verde de los prados se
mezclaba con las cumbres y las extensiones de cielo abierto. La flor de nieve
está perfectamente adaptada a estas condiciones extremas: la densa cubierta de
pelos blanquecinos que recubre sus hojas y brácteas ayuda a protegerla de la
radiación intensa, el frío y la pérdida de agua. Entre los prados de Song Kul
y las montañas del Tian Shan, estas pequeñas flores son un hermoso
recordatorio de la extraordinaria capacidad de la vida para prosperar en las
alturas.
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