miércoles, 14 de enero de 2026

Castillo de Peles (Rumanía).

El Castillo de Peleș, situado en la pintoresca localidad de Sinaia, en el corazón de los Cárpatos rumanos, es una de las residencias reales más impresionantes de Europa. Construido a finales del siglo XIX por orden del rey Carol I, combina de forma magistral estilos arquitectónicos como el neorrenacentista alemán y el neogótico, integrándose armoniosamente en el paisaje montañoso que lo rodea. Sus fachadas ricamente decoradas y su entorno natural hacen que la visita sea especialmente memorable, sobre todo en verano, cuando los jardines y bosques cercanos realzan aún más su belleza.

En el interior, el castillo sorprende por su extraordinario nivel de detalle y lujo, con salas temáticas que reflejan influencias de toda Europa, techos tallados en madera, vitrales, tapices y una valiosa colección de armas y obras de arte. Recorrer sus estancias permite comprender la importancia histórica y cultural del lugar, así como la vida cotidiana de la realeza rumana.

Moray (Perú).

El yacimiento arqueológico de Moray, en el corazón de los Andes peruanos, impresiona por la singularidad de sus terrazas circulares y por el paisaje que lo rodea. Este antiguo complejo inca, interpretado como un centro de experimentación agrícola, se integra de forma armoniosa en un entorno de altas montañas andinas, donde las cumbres nevadas dominan el horizonte y refuerzan la sensación de aislamiento y grandeza. La combinación entre la ingeniería ancestral, la profundidad simbólica del lugar y el silencio de la cordillera convierte la visita a Moray en una experiencia que conecta la historia prehispánica con la imponente fuerza de la naturaleza.

domingo, 11 de enero de 2026

Pechiazul (Luscinia svecica).

El pechiazul (Luscinia svecica) es una de esas aves que convierten cualquier jornada de campo en un recuerdo imborrable, con su carácter inquieto y ese destello azul en el pecho que parece surgir por sorpresa entre la vegetación. Salí en mi paseo ornitológico con la mirada puesta en la agachadiza chica, atento a cada movimiento en las orillas, sin imaginar que la verdadera sorpresa del día vendría en forma de varios pechiazules, apareciendo uno tras otro, reclamando su protagonismo en un escenario totalmente inesperado.

Resultó aún más llamativo encontrarlos en el contaminado río Guadalmedina, en pleno centro de la ciudad de Málaga, un entorno dominado por el asfalto, el ruido y la actividad humana. Allí, entre cañas y restos arrastrados por el agua, estos pequeños viajeros demostraban una vez más su increíble capacidad de adaptación, ofreciendo un contraste tan bello como revelador. Fue un momento de asombro y reflexión, una prueba de que incluso en los lugares más castigados, la vida silvestre sigue abriéndose paso y regalándonos instantes únicos.

Agachadiza chica (Lymnocryptes minimus) en el río Guadalmedina (Málaga).

La agachadiza chica (Lymnocryptes minimus) es un ave discreta y esquiva, más conocida por su capacidad para pasar desapercibida que por dejarse ver, por lo que encontrarla en pleno centro urbano resulta casi mágico. Hoy ha sido la segunda vez que consigo fotografiarla, y esta vez ha sido en el lugar más insospechado: en el río Guadalmedina, en el corazón de Málaga, justo al lado del estadio de fútbol de La Rosaleda. Ver a esta pequeña joya de los humedales, habitualmente asociada a parajes tranquilos y naturales, compartiendo espacio con el ruido, la contaminación del espacio y el ritmo de la ciudad ha sido un gran momento, de esos que recuerdan que la naturaleza siempre encuentra resquicios para sorprendernos, incluso donde menos lo esperamos.

sábado, 10 de enero de 2026

El cenote de Ik Kil en Yucatán (México).

El cenote de Ik Kil, en México, fue uno de esos lugares donde el viaje se vuelve experiencia física. Descender hasta su interior, rodeado de paredes cubiertas de vegetación y lianas que caen desde lo alto, ya imponía respeto, pero nada se comparó con la sensación de sumergirme en sus aguas frescas y transparentes, un alivio inmediato frente al calor sofocante de Yucatán. Mientras nadaba, el eco del agua y la luz filtrándose desde la abertura superior creaban una atmósfera casi irreal, recordándome que los cenotes no son solo formaciones naturales, sino espacios cargados de historia y de un silencio que invita a detenerse y contemplar.

Ho Chi Minh (Vietnam).

Ho Chi Minh, la antigua Saigón, fue la primera parada de mi viaje por Vietnam y el impacto fue inmediato. El calor y la humedad resultaban casi asfixiantes, mientras la ciudad vibraba bajo un ruido constante dominado por el incesante ir y venir de miles de motos que parecían no detenerse nunca. Cruzar una calle se convertía en un acto de fe, y el aire denso, cargado de humo y vida, acompañaba cada paso por una urbe que no concede tregua al viajero.

La sensación era la de un país que había abrazado el capitalismo de forma abrupta y sin transición. Rascacielos modernos brotaban como setas entre edificios más antiguos, centros comerciales relucientes convivían con mercados callejeros y la ciudad parecía crecer hacia arriba a una velocidad vertiginosa. Ho Chi Minh mostraba así un contraste permanente entre pasado y presente, tradición y modernidad, dejando claro desde el primer momento que Vietnam había entrado con fuerza en una nueva etapa de su historia.

Ciudad del Este (Paraguay).

Estando en la llamada Triple Frontera, entre Brasil, Argentina y Paraguay, decidimos acercarnos a Ciudad del Este, considerada una de las ciudades más peligrosas de Sudamérica; nada más bajar del autobús, varios hombres comenzaron a seguirnos y, para librarnos de ellos, optamos por resguardarnos en un centro comercial, donde un señor tocaba tranquilamente el piano, ajeno al ruido y al desorden de la calle. La ciudad se presenta como un laberinto de grandes almacenes y pequeñas tiendas, semejante a un inmenso zoco, y me llamó especialmente la atención el enmarañado de los cables eléctricos y la proliferación de equipos de aire acondicionado que saturaban las fachadas de los edificios. Dado que nuestro interés por comprar era nulo y que aquellos tipos no dejaban de seguirnos, decidimos salir por donde habíamos llegado. En resumen, no dedicamos más de dos horas a Ciudad del Este y a Paraguay.

viernes, 9 de enero de 2026

Cascada de Roberto Barrios, zona zapatista, Chiapas (México).

Las cascadas de Roberto Barrios, en la Selva Lacandona de Chiapas, permanecen en mi memoria como un recuerdo difuso y poderoso a la vez: un viaje de hace años en el que el asombro y la inquietud caminaban juntos. El trayecto parecía suspendido en una tensión silenciosa, interrumpida cuando, a mitad del camino, hombres armados pidieron dinero al guía, recordándonos que atravesábamos una zona zapatista donde las reglas eran otras. Aun así, había algo casi surrealista en la escena: un niño, demasiado joven para cargar responsabilidades tan grandes, empuñaba un enorme machete y era, según nos dijeron, el encargado de protegernos. Todo eso contrastaba con la llegada al destino, donde el miedo se diluía frente a la fuerza y la belleza del agua cayendo entre la vegetación espesa, un espectáculo natural imponente que hacía sentir que, pese a todo, la selva guardaba un orden propio, antiguo y majestuoso.

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****