Pegado al templo, se encuentra el llamado “barrio de los pintores”, conocido así, por el gran número de artistas de mayor o menor talento que intentarán inmortalizarles ofreciéndoles constantemente sus servicios. Cafés, bistrós, restaurantes y pequeñas tiendas de recuerdos compiten por el poco espacio y por exprimir al máximo el presupuesto de los turistas. Las supuestas gangas, baratijas, “souvenirs requetecopiados” y objetos inútiles que jamás utilizarán y que con frecuencia permanecerán en el fondo de algún cajón, constituyen sin lugar a dudas, una oferta amplísima. Al final, seguro que se llevan algo…
Sobre el lugar, recordaba a Aznavour y aquella imperecedera canción, “la Bohemia” (la Bohème) ¿La recuerdan? Aquel mundo de pintores, artistas y transgresores de lo establecido, que solían ser los habitantes únicos de aquellas callejuelas del París de otro tiempo. Hoy, estos personajes han sido relegados a otros lugares. La necesidad que tiene “el sistema” por la divisa extranjera marca el ritmo de vida de la pintoresca colina. La Bohemia ha muerto, decía Aznavour. Ahora nadie en Montmartre discute sobre otras tendencias, arte o política. El tema, aquí ya es otro…

No se preocupen, sé que lo empiezan a echar en falta, pero ya otros les contarán los datos del templo. Ya saben ustedes aquello de reseñar con precisión matemática los metros, kilos, años, efemérides, guerras y sangres derramadas bajo los muros del lugar en cuestión. Es algo que no me interesa y que a buen seguro encontrarán en "la Wiki" y otras páginas similares. Espero perdonen mi atrevimiento, pero ya saben ustedes que éstos son sólo los paseos de un manchego cualquiera y no los de un investigador, matemático o historiador (con todos mis respetos hacia ellos).
Sobre el lugar, recordaba a Aznavour y aquella imperecedera canción, “la Bohemia” (la Bohème) ¿La recuerdan? Aquel mundo de pintores, artistas y transgresores de lo establecido, que solían ser los habitantes únicos de aquellas callejuelas del París de otro tiempo. Hoy, estos personajes han sido relegados a otros lugares. La necesidad que tiene “el sistema” por la divisa extranjera marca el ritmo de vida de la pintoresca colina. La Bohemia ha muerto, decía Aznavour. Ahora nadie en Montmartre discute sobre otras tendencias, arte o política. El tema, aquí ya es otro…
Lo que sí puedo decirles es que le Sacré Coeur es el lugar para aquellos que viajan enamorados, para almas aventureras que aman los viajes en soledad, para familias de diversa y variada composición, para los organizadísimos grupos de japoneses, también es el lugar para que los gitanos rumanos puedan pedir algunas monedas a los turistas. ¡Ah!, no quería dejarlos de lado, también es el lugar para los investigadores, matemáticos e historiadores. Convencido estoy de que gozarán mucho en este entorno.