jueves, 9 de abril de 2026

Grajillas occidentales en la Casa de Campo de Madrid.

Mientras desayuno temprano en una tranquila terraza frente al lago de la Casa de Campo de Madrid, con maravillosas vistas hacia el Palacio Real y a los rascacielos de la Plaza de España, observo la vida que se despliega a mi alrededor: gorriones inquietos, palomas confiadas, escandalosas cotorras argentinas y, entre ellas, una elegante pareja de grajillas occidentales. Estas aves, más pequeñas y estilizadas que los cuervos, destacan por su plumaje negro con reflejos grisáceos en la nuca y sus ojos claros, casi plateados, que les dan una expresión vivaz e inteligente. Sociables y oportunistas, recorren el restaurante con pasos ágiles y curiosos, explorando cada rincón en busca de alguna migaja que llevarse al pico, ajenas por completo al murmullo humano y perfectamente adaptadas a este paisaje urbano donde naturaleza y ciudad conviven en armonía.

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