Mientras desayuno temprano en una tranquila
terraza frente al lago de la Casa de Campo de Madrid, con maravillosas
vistas hacia el Palacio Real y a los rascacielos de la Plaza de
España, observo la vida que se despliega a mi alrededor: gorriones
inquietos, palomas confiadas, escandalosas cotorras argentinas y, entre ellas,
una elegante pareja de grajillas occidentales. Estas aves, más pequeñas y
estilizadas que los cuervos, destacan por su plumaje negro con reflejos
grisáceos en la nuca y sus ojos claros, casi plateados, que les dan una
expresión vivaz e inteligente. Sociables y oportunistas, recorren el
restaurante con pasos ágiles y curiosos, explorando cada rincón en busca de
alguna migaja que llevarse al pico, ajenas por completo al murmullo humano y
perfectamente adaptadas a este paisaje urbano donde naturaleza y ciudad
conviven en armonía.
jueves, 9 de abril de 2026
Grajillas occidentales en la Casa de Campo de Madrid.
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