Bien entrada la primavera, los Gladiolos Silvestres brotaban en cualquier rincón donde había algo de humedad. Aquellos días, los más bellos de estos lugares, ya hace meses que quedaron atrás, y ahora, sobre la tierra tostada, torbellinos de polvo se levantan varios metros. Y con ellos, las semillas de este vergel dormido viajan de un lado a otro, cayendo lejos de donde nacieron a la espera de nuevas primaveras.