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viernes, 7 de agosto de 2009

Marruecos. Actividad.

El teñido de la piel en Fez.
Pesca tradicional a orillas del Mediterráneo.
La cerámica azul de Fez.
La pesca de sardinas en Alhucemas.
El zoco de Adous.
Las lavanderas de alfombras de Chauen.

martes, 9 de junio de 2009

Marruecos. Las gentes.

Hace algún tiempo tuve la suerte de vivir en Marruecos durante algunos meses, período que siempre permanecerá en mí, por lo mucho que recibí de las gentes que allí encontré.
Siempre había considerado que consagrar toda una vida a un único trabajo, a un solo lugar y a las mismas gentes, suponía caer en una rutina insoportable y cerrar las puertas a lo desconocido y a la aventura. Cambiar todo este contexto, era como vivir varias vidas en una. Era la misma sensación, como cuando de niño empezaba un cuaderno nuevo, con todos los folios aún en blanco y con todo el afán de iniciar a escribir las primeras letras. Por lo que tras recibir una oferta de empleo hice mis maletas y para allá marché.
Recuerdo que cada tarde las chicas de las aldeas iban a por agua, con esas preciosas y pesadas cántaras, propias de la tradicional alfarería bereber. Lanzaban sus cubos hasta el fondo de aquel profundo pozo que los portugueses habían dejado antes de su partida. Con una fuerza inusual para chicas de tan corta edad, llenaban varios recipientes cada una, mientras hablaban de las cosas del día a día. Solían decirme que los hombres se habían ido casi todos a Europa, por lo que no podrían casarse nunca. Con diecisiete, dieciocho años, se sentían viejas, que habían perdido su oportunidad de formar una familia y traer hijos al mundo. El peso de la tradición era demasiado fuerte, sentían que sólo el matrimonio daría sentido a sus vidas. – “¿Quieres casarte conmigo?, Sé limpiar y hago comida buena…”. Solían decir a todo hombre que llegaba hasta aquella fuente…
Pasear por aquellos terrenos semidesérticos del norte de Marruecos, suponía empezar cada día un camino que nunca terminaba como inicialmente había previsto. Siempre aparecían gentes, buenas gentes, que tras los tradicionales y largos saludos, se ofrecían a enseñarme algún lugar, a entrar en sus casas a compartir un té o a comer con ellos. Reconozco, que era lo que más me gustaba, siempre me ofrecieron lo que tenían, lo poco que tenían. Jamás nunca nadie me hizo sentir lo que realmente yo era, un extranjero.
Ahmed era un niño de ocho años que recorría a pie cada día nueve kilómetros para llegar a la escuela. Con sus botitas rotas y su ropa cien veces remendada, no se perdía ni una sola de las clases. Quería ser piloto de aviones o jugador de fútbol del Barça. Ahmed, como el resto de niños del lugar, no tenía cuaderno, ni bolígrafos, ni móvil, ni videojuegos. Después de clase debía colaborar con la familia, segar hierba para su oveja, recoger leña, traer agua… y allá iba cada tarde cantando. En apariencia un niño feliz. Aunque la casa de Ahmed no tenía ni agua ni luz, en el bar de la comuna, Ahmed veía como viven las gentes en Europa. Razón por la que soñaba, como el resto de niños del lugar, que un día cruzaría el mar. Quería trabajar y ganar dinero para que a sus padres, ya mayores no les faltase nunca nada…
Cada día descubro, como otras gentes, gentes de este lado del mar, se llenan la boca de decir que ellos son diferentes, que tienen una historia propia, que no son como los demás. Puede ser que yo no haya aún viajado suficiente, que aún no conozca nada, lo admito. Es por esto, que siempre tengo preparada mi maleta, para seguir descubriendo lugares y pueblos. Pero, en lo poco que he visto, siempre he encontrado gentes parecidas a lo que yo era y a lo que yo sentía. Amor, soledad, miedo, ilusión, deseos de paz. Igual en todas partes. Idiomas distintos, razas, gastronomía, fiestas, religiones, para mí, son la parte menos significativa y diferenciadora de lo mucho que tenemos en común los hombres.

miércoles, 15 de abril de 2009

SOMOS (Marruecos).


La primavera anunciada
en blancos almendros
rosas cerezos
verdes despiertos.
Reclamo mis orígenes
mas no renuncio a perder.
Vengo de un pueblo mezclado
que debe saber mantenerse
fiel a la tolerancia
de la mezcla que sabe bien.

Paz Roca

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****