Y como suele pasarme, harto de buscar la Ortiguera (Aglais urticae), por nuestros campos, la tuve que hallar en el exilio. – Cuando uno visita el Campo de Concentración de Sachsenhausen, créanme lo que les digo, llega un momento que uno ya no es capaz de asimilar tanto horror, y busca inconscientemente una salida ante la imposibilidad de seguir indagando en las páginas más negras de la historia de nuestra especie. - Y gracias a esta afición al “mundo bicheril”, los ojos y los oídos se me fueron a las linarias, las coníferas, las aves e insectos que suavizaban la sensación de horror de aquel lugar claustrofóbico y oscuro que jamás debió haber existido.
Entre las fosas, sobre las zanjas, en las celdas y cubriendo con sus revoloteos el gran patio de concentración, decenas de Mariposas de la Ortiga volaban de un lado a otro. – Ahora no recuerdo que hubiera más notas de color en aquel lugar. - Reconozco que yo era el único que prefería fotografiar lepidópteros a entrar en las salas de medicina, o más bien, sala de tortura. – Pero es que, como ya les digo, llega un momento que uno ya no es capaz de soportar ciertas cosas…. – Aquí les dejo lo mejor de Sachsenhausen…