Me han cubierto la mañana de blanco. El calentamiento global se tomó un respiro permitiendo a la nieve reconquistar antiguos territorios ahora prácticamente perennes en el secano. Nadie caminaba hoy indiferente por las calles de mi ciudad: los niños jugaban a la guerra de bolas de nieve (quizá la única guerra recomendable y nunca “la llamada guerra por la paz que otorga premios Nobel”), dos ancianas temerosas en su caminar paseaban agarradas del brazo y a más de uno se nos escapaba una sonrisa pensando en los momentos por compartir en estos próximos días de fiestas y en las personas que han de venir.
Aprovecho la ocasión que me da esta estampa navideña para felicitar a todos y todas, estas próximas fiestas, religiosas o no, pero de merecido descanso siempre.
Pasea por el campo, también en invierno. La nieve, el frío y el hielo son un bien cada vez más escaso.