En nuestra última jornada en la futurista ciudad de Shanghái (China) recorrimos el barrio financiero de Pudong, caminando entre enormes rascacielos que parecen elevarse hasta perderse entre las nubes. Una fina lluvia nos acompañó durante buena parte del recorrido, aunque en algunos momentos se convirtió en un auténtico aguacero que nos obligó a buscar refugio. Encontramos cobijo en un pequeño parque, decorado con multitud de fuentes y estatuas, donde esperamos pacientemente a que la lluvia nos diera una tregua. Para mí fue un momento especial, multitud de aves, nuevas para mí, buscaban alimento en el césped ajenas al chaparrón.
Contrariamente a lo que esperaba, Pudong no
estaba abarrotado como otras zonas de la ciudad, lo que nos permitió disfrutar
del paseo con bastante tranquilidad y contemplar con calma su espectacular
arquitectura. Al otro lado del río Huangpu, las vistas de Shanghái
eran igualmente impresionantes: una sucesión de edificios, luces y grandes
avenidas que dibujaban un paisaje urbano casi irreal. Bajo la lluvia, entre los
reflejos del agua y los gigantescos rascacielos, Pudong nos dejó una de
las imágenes más futuristas y memorables de nuestro viaje.
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