Hué, en el centro de Vietnam, me recibió con
un calor intenso y una humedad constante que parecían envolverlo todo. Caminar
por la Ciudad Imperial fue como adentrarse en otra época: murallas
imponentes, puertas majestuosas y amplios patios que transmiten la grandeza del
antiguo poder imperial. A pesar del clima sofocante, cada rincón reflejaba una
sensación de solemnidad y belleza que hacía olvidar por momentos el cansancio.
Las tumbas imperiales, dispersas entre colinas verdes y rodeadas de naturaleza, reforzaron esa impresión de grandiosidad y respeto por el pasado. Cada tumba tiene su propio carácter, con lagos, templos y esculturas cuidadosamente dispuestas, creando un contraste sereno con el calor y la humedad del entorno. La visita fue una experiencia intensa, marcada por el clima, pero también profundamente enriquecedora por la historia y la majestuosidad de Hué.
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