Revisando viejas fotografías me he reencontrado con Hanoi (Vietnam), una ciudad vibrante y caótica, marcada por un ruido constante en el que motocicletas y coches se entremezclan haciendo sonar sin descanso el claxon. El tráfico parece fluir según sus propias reglas, intenso y desordenado, hasta que el inesperado paso de un tren irrumpe en la rutina urbana y corta la circulación por completo. Entonces, de manera casi sorprendente, todo se detiene durante unos silenciosos minutos, creando un contraste momentáneo que quedó grabado en mi memoria.
Ese bullicio convivía con escenas de una belleza
cotidiana muy particular, como la de las mujeres que vendían frutas
transportándolas en grandes cestas de mimbre sobre sus bicicletas. Recuerdo
que, el ambiente estaba cargado de humedad y calor, una sensación densa que
envolvía cada recorrido por la ciudad. Recuerdo también a muchas personas
usando mascarilla en las calles, algo que llamó mi atención, ya que,
por entonces, en Europa nadie las llevaba. Son imágenes y sensaciones que
permanecen intactas a pesar del paso de los años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario