Hoy, las Cuevas de Nerja, en Málaga,
me han dejado una impresión difícil de describir: es como entrar en un mundo
suspendido fuera del tiempo, donde la oscuridad no es ausencia, sino presencia.
Cuesta imaginar ese espacio tan inmenso oculto bajo la tierra, donde el
silencio parece absoluto y, sin embargo, está delicadamente interrumpido por el
eco constante de las gotas de agua. Esas gotas, pacientes y persistentes, han
actuado como diminutos alfareros a lo largo de miles de años, modelando con
infinita calma las gigantescas columnas y formaciones de piedra que hoy parecen
casi irreales. Todo allí transmite una mezcla de grandeza y fragilidad, como si
la naturaleza hubiera estado trabajando en secreto, con una precisión
silenciosa, esperando, quizá que algún día alguien pudiera contemplarlo.
sábado, 25 de abril de 2026
Cuevas de Nerja (Málaga).
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