La mañana no empezó de la mejor manera. Tras pasar
toda la noche en autobús desde Mérida hasta Palenque con la
empresa ADO, el cansancio era evidente. Al bajar, llegó el golpe más
duro: faltaba dinero, documentación y otros objetos de valor. Nos habían robado mientras dormíamos. La sensación de
desconcierto y frustración amenazó con arruinar el viaje, pero, tras unos
momentos difíciles, decidimos no dejar que aquel contratiempo definiera nuestra
experiencia. Habíamos llegado demasiado lejos como para rendirnos.
Esa decisión cobró sentido al adentrarnos en el yacimiento
arqueológico de Palenque, uno de los más impresionantes de México y
declarado Patrimonio de la Humanidad. Enclavado en plena selva
chiapaneca, el conjunto de templos, palacios y pirámides mayas emerge entre la
vegetación como un testimonio vivo de una civilización extraordinaria. El
sonido de la selva, la piedra cubierta de musgo y la majestuosidad del lugar
lograron, por unas horas, hacernos olvidar lo ocurrido y reconciliarnos con el
viaje.
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