Te habría gustado estar aquí. De alguna forma tantas aves juntas me han hecho sentir pequeño. Nadie estaba para disfrutar del momento, salvo yo. Nadie sobre la solitaria llanura manchega, donde nunca parece que pase nada, sobre todo para aquellos ojos que no saben mirar.
Entre esa gran bandada de cigüeñas, seguro estaban las que anidan en el camino de los árboles viejos, aquellos que habían sido quemados por varios incendios y que ahora apenas si podían aguantar los pesados nidos de sus inquilinas. También, las cigüeñas de la iglesia blanca y las de los cuatro nidos del campanario. Probablemente también, entre las cientos de cigüeñas habría algunas procedentes de las regiones del norte, que aquí encuentran un alto en el camino, unas pocas horas de descanso hasta llegar al lejano continente negro.
Me pregunto: ¿Desde cuándo las aves vienen realizando estos viajes de ida y vuelta?...
Ya sé, que para la mayor parte de la gente, incluso para ti, este espectáculo no existe o no tiene ninguna relevancia. Parece ser, que el mundo urbanita de las rebajas y los garitos no deja espacio para mucho más. Y que todo aquello que se identifica con el mundo rural o el campo, digamos que no tiene muy buena prensa en “el mundo cool” de la gran ciudad. Recuerdo cuando me confesaste que para ti, la única fauna que existía eran las palomas y los bichos. Todo aquello que no es una paloma, es por lo tanto un bicho, por lo que las cigüeñas de este post para ti, son sólo eso: bichos.
Perdón, ya sé que soy un poco exagerado. Es verdad que en uno de tus viajes ya reconociste a las cigüeñas sobre un campanario. Progresa tu biblioteca animal: palomas, cigüeñas y bichos… ;-)
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