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Hace unos meses, encontré en la calle un tallo caído de algún balcón, de lo que popularmente se llama planta del dinero (Plectranthus australis). Me recomendaron entonces que debía sembrarlo en casa y con ello atraería la fortuna sobre mí en forma de abundantes euritos que nunca están de más…
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Pasado el tiempo, la planta ha crecido hasta cubrir dos tercios de mi reducido apartamento. La gente que me conoce sabe el respeto que me merece la naturaleza y el medio ambiente, por lo que por el bien de “la planta de las perras”, y para que no se sintiera apretada en mi hogar, he tirado el muro que separaba la cocina con el de la habitación de invitados. Total, nunca invito a nadie…
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(recomendable ampliar la fotografía, esta empusa es un tanto alienígena)
Cada tres días (aprox.) voy todo ilusionado a mi sucursal bancaria a poner la cartilla al día, a ver si por arte de birlibirloque mis números rojos se tornan de otro color y mi cuenta empieza a crecer al mismo ritmo y con la misma fuerza que “la planta okupa”. De momento, lo que sí me ha "brotado" de la pequeñísima maceta, es esta estupenda mantis, que tan de moda está por el mundo bloguero de naturaleza y fotografía (no iba a ser yo menos).
En cuanto a “los dineros”, no me preocupa, sé que tarde o temprano “la planta de los cuartos” hará su cometido, dejará de crecer por mi apartamento y empezará a subir mi cuenta bancaria, tengo fe...
Por cierto, la segunda mantis-empusa es marroquí, ahí estaba en medio de la nada esperando la merienda…