En estos
días de Semana Santa por tierras manchegas he vuelto a pajarear por los lugares
en los que empezó mi pasión por la ornitología. Tras los meses de lluvia, las
distintas zonas lacustres están en su mejor momento. Las parejas de somormujo
lavanco van ocupando sus territorios de cría, desplegando ya sus elegantes
cortejos: penachos erizados, cuellos entrelazados y ese baile sincronizado que
convierte la superficie del agua en un escenario casi mágico. Entre carrizales
y aguas tranquilas, su presencia anuncia que la primavera está en pleno apogeo.
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