martes, 9 de junio de 2009

Marruecos. Las gentes.

Hace algún tiempo tuve la suerte de vivir en Marruecos durante algunos meses, período que siempre permanecerá en mí, por lo mucho que recibí de las gentes que allí encontré.
Siempre había considerado que consagrar toda una vida a un único trabajo, a un solo lugar y a las mismas gentes, suponía caer en una rutina insoportable y cerrar las puertas a lo desconocido y a la aventura. Cambiar todo este contexto, era como vivir varias vidas en una. Era la misma sensación, como cuando de niño empezaba un cuaderno nuevo, con todos los folios aún en blanco y con todo el afán de iniciar a escribir las primeras letras. Por lo que tras recibir una oferta de empleo hice mis maletas y para allá marché.
Recuerdo que cada tarde las chicas de las aldeas iban a por agua, con esas preciosas y pesadas cántaras, propias de la tradicional alfarería bereber. Lanzaban sus cubos hasta el fondo de aquel profundo pozo que los portugueses habían dejado antes de su partida. Con una fuerza inusual para chicas de tan corta edad, llenaban varios recipientes cada una, mientras hablaban de las cosas del día a día. Solían decirme que los hombres se habían ido casi todos a Europa, por lo que no podrían casarse nunca. Con diecisiete, dieciocho años, se sentían viejas, que habían perdido su oportunidad de formar una familia y traer hijos al mundo. El peso de la tradición era demasiado fuerte, sentían que sólo el matrimonio daría sentido a sus vidas. – “¿Quieres casarte conmigo?, Sé limpiar y hago comida buena…”. Solían decir a todo hombre que llegaba hasta aquella fuente…
Pasear por aquellos terrenos semidesérticos del norte de Marruecos, suponía empezar cada día un camino que nunca terminaba como inicialmente había previsto. Siempre aparecían gentes, buenas gentes, que tras los tradicionales y largos saludos, se ofrecían a enseñarme algún lugar, a entrar en sus casas a compartir un té o a comer con ellos. Reconozco, que era lo que más me gustaba, siempre me ofrecieron lo que tenían, lo poco que tenían. Jamás nunca nadie me hizo sentir lo que realmente yo era, un extranjero.
Ahmed era un niño de ocho años que recorría a pie cada día nueve kilómetros para llegar a la escuela. Con sus botitas rotas y su ropa cien veces remendada, no se perdía ni una sola de las clases. Quería ser piloto de aviones o jugador de fútbol del Barça. Ahmed, como el resto de niños del lugar, no tenía cuaderno, ni bolígrafos, ni móvil, ni videojuegos. Después de clase debía colaborar con la familia, segar hierba para su oveja, recoger leña, traer agua… y allá iba cada tarde cantando. En apariencia un niño feliz. Aunque la casa de Ahmed no tenía ni agua ni luz, en el bar de la comuna, Ahmed veía como viven las gentes en Europa. Razón por la que soñaba, como el resto de niños del lugar, que un día cruzaría el mar. Quería trabajar y ganar dinero para que a sus padres, ya mayores no les faltase nunca nada…
Cada día descubro, como otras gentes, gentes de este lado del mar, se llenan la boca de decir que ellos son diferentes, que tienen una historia propia, que no son como los demás. Puede ser que yo no haya aún viajado suficiente, que aún no conozca nada, lo admito. Es por esto, que siempre tengo preparada mi maleta, para seguir descubriendo lugares y pueblos. Pero, en lo poco que he visto, siempre he encontrado gentes parecidas a lo que yo era y a lo que yo sentía. Amor, soledad, miedo, ilusión, deseos de paz. Igual en todas partes. Idiomas distintos, razas, gastronomía, fiestas, religiones, para mí, son la parte menos significativa y diferenciadora de lo mucho que tenemos en común los hombres.

8 comentarios:

Le Mosquito dijo...

Guardo en casa una de esas cántaras bereber, aunque está vacía de agua y llena de recuerdos y esperanzas.
Aquí, en este país, siento como muchas puertas se han cerrado antes de abrirse; antes de saber quién llama. La generosidad y la confianza sólo quedan en algunos museos y como mucho en los relatos de quien dice una cosa y hace otra.

"Tu" Ahmed me recuerda a MI IMAGINARIO YUSÛF. Me gustó reencontrar aquí alguna coincidencia; por su bien, sólo alguna.

laura dijo...

Pues que bien que tengas siempre la maleta lista , así nosotros podremos seguir disfrutando de tus relatos , y sobretodo , de tus fotografias :-)

Mamen dijo...

Preciosa entrada.

COmparto las mismas ideas, cuanto más gente conoces, más viajas, más experiencias tienes, te das cuenta de la cantidad de prejuicios que hay, y de que es mucho más importante lo espiritual que lo material, que por contra es lo que más se suele valorar en los países más "evolucionados".

Piel negra, blanca, amarilla, pelirrojos, morenos, rubios...qué más da. Nuestro interior es igual en todas partes.

François dijo...

Effectivement, où que l'on soit sur la terre les hommes ont souvent la même quête et la reconnaissance de l'autre que certains appellent l'étranger, dommage qu'une poignée de dirigeants mondiaux empêchent la libre circulation des peuples ainsi que le choix de quitter un pays pour s'installer ailleurs.

bicipalo dijo...

Hola Anzaga..., yo he estado en Marruecos y realmente me he vuelto sedentario, no anhelo esas avcenturas, ese viajar..., no se si es algo pasajero o circunstancial..., pero parece que compenso ese inmovilismo con una imaginación que me hace volar hacia esos lugares que has fotografiado, puedo oler y sentir el calor, el polvo africano. Percibir ese ritmo de vida, mas proximo a los ultimos milenios de la Edad de Piedra, del Neolitico que del siglo XXI. Nos cuentas como esas muchachas solo conciben el matrimonio, la descendencia como camino hacia la dignidad. Como ese chiquillo camina 9 kilometros para ir al colegio. La escasez de todo les hace ser así, conformarse con eso que tienen y protegerlo, valorarlo y amarlo. Hay que amar el colegio para darse esa caminata, hay que valorar el agua para cargar con esas cantaras..., podemos aprender mucho de esas personas y da igual que no nos puedan enseñar trucos del windows XP o del Vista..., pero lo malo es que solo sentimos pena y tristeza hacia ellos..., despues olvidamos y seguimos siendo como somos, de poco nos sirven tus palabras y tus fotos si cuando salga de tu blog olvido y entierro.
Un saludo..., me gusta tu blog y tus temáticas, hala.

angelyyo dijo...

Autentico, siempre lo bueno esta en el pueblo llano, creo que ha veces sobran muchos politicuchos que lo que deberían hacer es lo que tu has hecho, convivir una temporada con la gente
corriente del pueblo.
Estoy convencido de que el racismo, la xenofobia, etc. etc. es obra exclusiva del ser humano.
¿No dicen que somos los únicos animales que pensamos o que tenemos inteligencia ?

Saludos

Juan Negro dijo...

Pienso en la cantidad de gente xenófoba que rechaza al marroquí que ha cruzado, a riesgo de su vida, el Estrecho para al final darse de bruces con la ignorancia y el egoismo de una sociedad inmisericorde con el desfavorecido. Por eso me ha encantado este post. La desgracia es que muchos de dichos individuos no pasarán por aquí, entre otras cosas por que seguramente leeran con dificultad y tendrán serios de comprensión escrita. Una pena!

TCR63 dijo...

me das envidia... sanaa, no hay cosa mejor para aprender y disfrutar que viajar..
salud amigo

**** " NO SE PUEDE CONSERVAR AQUELLO QUE NO SE CONOCE " ****


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